miércoles, 19 de abril de 2023

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Tras doscientas y pico entradas y más de cuatro meses sin publicar nada creí llegado el momento de plantearme en serio aprender a escribir. Por ello acepté una amable invitación para inscribirme en un taller de aprendizaje de escritura. Y allí que me fui, con mi libreta nueva, mi lápiz, mi goma de borrar (seguro que tendré mucho que borrar) y sobre todo con una gran ilusión.

La profesora, entrañable, muy empática y con una gran cultura literaria (aunque la expresa con infinita modestia) nos dio las primeras instrucciones, entre las que me quedé con que debíamos perder la vergüenza, desinhibirnos y jugar con todos los componentes de la escritura. Para ello, y como primer ejercicio, nos pidió que hiciéramos un alfabeto personalizado, considerando palabras que comiencen con cada una de sus letras componentes y que tengan un especial significado para nosotros, señalando dicho significado.

Para cumplir con la primera de sus instrucciones, la de perder la vergüenza (si es que no la tenía perdida ya) me propongo volcar en esta nube mis ejercicios, con el ruego a los posibles lectores de benevolencia y de cumplir con la obra de caridad de enseñar al que no sabe.

Una salvedad a este primer ejercicio. Dada mi habitual desidia y desorden he realizado solamente tres de las solicitadas letras, y no manteniendo el orden establecido por las autoridades lingüísticas.

Pero basta ya de prolegómenos, y volquemos el citado ejercicio. Este es:

Alfabeto personal.

Amistad

En ocasiones comenzar con un topicazo puede ser un buen argumento para anular la vergüenza de expresarse en público. En este caso, por ejemplo: quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

Aunque esto no por topicazo es menos cierto. Quienes hemos tenido la fortuna de experimentarlo, bien lo sabemos.

Pero, cuidado, es menester definir lo que entendemos por amistad.

La amistad está forjada en la generosidad, la fraternidad y la gratuidad, por lo que es algo que conforma uno de los ejes fundamentales de nuestra vida dándole una dimensión mejor y más bella.

Pero como todo tesoro es un bien escaso. Así, es obvio que no es amigo cualquier conocido, tampoco es amigo el compañero de tertulia, de barra de bar, de trabajo o actividad.

Amigo es el que está siempre disponible para ti, al que sabes que puedes acudir, aunque haga tiempo que no te habías relacionado con él, y sobre todo al que sabes que le puedes decir, y él a ti, esas verdades que no nos gusta oír. Con el que puedes discutir acaloradamente para instantes después ir a compartir una taza de café.

Por eso los auténticos amigos son tan escasos y valiosos.

Zaparrastroso

Y para continuar con el tópico, de la A la Zeta.

Las palabras destacan por su significado. Pero también pueden hacerlo por su sonoridad, incluso por su musicalidad. Pueden ser notas que sabiamente combinadas en un pentagrama componen la sinfonía de un texto, y que se pueden complementar con el ritmo y hasta con la tonalidad con que son pronunciadas.

Zarrapastroso (o zaparrastroso, que ambas formas admite la RAE), como desaseado, andrajoso, desaliñado y roto, o también dicho de una persona: despreciable, por aquello de las tonalidades puede ser una simple descripción en un relato o un insulto lanzado a modo de pedrada sentimental, con ánimo de zaherir y despreciar.

En todo caso no me negaran que al escuchar la palabreja no les parece estar oyendo parte de una obertura wagneriana, con todos sus metales y percusiones.

Coherencia

Siguiendo el eje de los topicazos, si el sentido común es el menos común de todos los sentidos, la coherencia, en el sentido de actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan, es la más infrecuente y la más difícil de las características personales.

Echemos un vistazo a nuestro alrededor y contemplemos las personas que conocemos en nuestro ámbito privado, o las que en el ámbito público se exponen a la contemplación general. ¿Son muchas las que en los momentos difíciles y trascendentales saben defender o vivir esos principios? ¿Son muchas por las que en ese sentido pondríamos la mano en el fuego?

Y sin embargo es seguro que tenemos la inmensa suerte de conocer alguna, aunque también es seguro que no son tantas como desearíamos.

Esas personas se convierten para nosotros en referentes, en faros cuya luz ilumina el camino de nuestra vida, aunque en ocasiones también pongan de manifiesto nuestras sombras.

Su solidez me recuerda la de las columnas del Partenón, una de las más grandes maravillas creadas por la mano y la mente humanas, y que veinticinco siglos después, sabiendo sobrevivir a calamidades múltiples, da testimonio de esa virtud que los griegos nos enseñaron, la excelencia.

Pues hasta aquí el primero de los ejercicios. Espero continuar con los venideros, que prometo contarles, y también espero seguir divirtiéndome tanto como hasta ahora.

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domingo, 25 de diciembre de 2022

Un mes, un libro (XI, con bastante retraso): Un caballero en Moscú

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Una muy estimada amiga me hizo el regalo de esta para mí sorprendente y preciosa novedad editorial, obra del escritor estadounidense Amor Towles.

Y digo que para mí es sorprendente porque aunque la obra se había publicado en España en 2018 (y curiosamente el mismo día de mi cumpleaños) nunca hasta que mi amiga me la mencionó había oido hablar de la misma ni de su autor. Aunque todo esto a quien no sorprenderá es a usted, paciente lector, conocedor de mi enciclopédica ignorancia.

No menos asombroso es el hecho de que, según me informa mi librero, haya sido un auténtico best-seller fundado únicamente en el boca a boca, sin que su editorial haya hecho ningún esfuerzo inversor en publicidad.

Calificaba también la obra de preciosa por su originalidad, ingenio en el desarrollo, consistencia en la estructura,  riqueza lingüística, sentido del ritmo, excelente documentación, humor, ironía y elegancia, mucha, mucha elegancia en el más extenso sentido del término.

Breve sinopsis: Un aristócrata ruso de la época zarista, con todos los privilegios de su clase y cuya injusticia admite, es atrapado por la revolución bolchevique, y condenado a muerte. Una afortunada circunstancia para él, la de haber sido en sus años juveniles el autor de un poema que fue considerado como una de las más altas cimas de la literatura precursora de la revolución, le salva de la muerte, pero le condena a vivir el resto de sus días en el famoso Hotel Metropole de Moscú, aunque por supuesto no en la suite que utilizaba habitualmente cuando sus aristocráticas circunstancias estaban en vigor, sino en un pequeño e incómodo trastero  sito en el desván del edificio. Y todo ello con la amenaza de que si ponía un pie fuera de las dependencias del hotel, sería fusilado de inmediato.

A partir de este planteamiento, por la novela van pasando no solo la evolución psicológica del personaje y el proceso de adaptación a las, para él, nuevas circunstancias sino también toda una serie de personajes que van mostrando los diferentes matices del alma humana, desde la amistad generosa hasta el resentimiento vengativo, pasando por la ternura o la contradicción. Todo ello expuesto, como antes comentaba, con humor e ironía con los que enfatiza la importancia de lo dicho, al tiempo que con erudición ampliamente documentada y una bella prosa, que de forma inteligente y sutil sabe contar muy duras situaciones con una elegante serenidad.

La lectura se hace fácil y nos va atrapando capítulo tras capítulo por una aparente falta de linealidad narrativa en la que alterna los flash-back y los anticipos, y en la que destaca también la minuciosidad en los detalles. En cuanto a la excelente documentación llega a asombrar lo referente a la minuciosidad en la composición de los menús y la adecuación de los diferentes vinos en los maridajes gastronómicos, así como todo lo referente a los ambientes musicales y muy especialmente el jazz.

Por supuesto no le falta tampoco suspense y sorpresas finales. Por todo ello lo considero altamente recomendable a todos los amigos que entiendan la lectura como un placer y un arte. Estoy seguro que lo disfrutarán y agradecerán este modesto consejo. Ya me contarán que les parece.

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lunes, 19 de diciembre de 2022

Cuando un amigo se va

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Hoy es el día del cumpleaños de mi más entrañable amigo, Francisco (Paco) Martín Angulo. Desgraciadamente se nos fue hace dos semanas de forma inesperada y súbita. En su recuerdo reproduzco estas líneas leídas en su Ceremonia Civil de Despedida.

Querido Paco:

Tu sabes bien, porque en muchas ocasiones me acompañaste en ello, la cantidad de veces que por mi profesión he tenido que hablar en público. Te aseguro que nunca me fue ni me será tan difícil como hoy, así que te pido que si el sentimiento me traiciona me perdones. Y sé que lo harás porque siempre disculpabas mis defectos.

Te fuiste físicamente, pero estate seguro de que todos los que te queremos te tendremos siempre presente en el recuerdo y en el afecto.

Yo, nunca podré olvidar nuestros paseos, nuestras tertulias, nuestras charlas y confidencias e incluso nuestras amistosas divergencias sobre la música contemporánea, pero sobre todo lo que nunca, nunca podré olvidar es tu generosidad.

Porque tú, Paco, fuiste la personificación de la generosidad. En los momentos difíciles era tu generosidad total, sin límites, gratuita, la que ofrecía todo el calor humano y el acogimiento de la amistad franca.

Ahora ya no vamos a poder charlar ni discutir más, pero me queda el consuelo de haber compartido contigo un tiempo en el que te ví vivir una vida plena y feliz, llena de motivos de satisfacción, orgulloso de tus nietos, para los que tantos relatos escribiste, y tus hijos, y de poder disfrutar de todo ello tranquilo y confiado gracias a los infinitos y minuciosos cuidados de Ana, a quien hace pocos días quisiste mostrar tu cariño y agradecimiento con un regalo que la vida no quiso que llegarais a disfrutar.

En definitiva, el poeta con el que compartiste la austeridad de los campos de Castilla diría que fuiste un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Por todo ello, por tu ejemplo, por tu generosidad y por tu amistad, querido Paco, eternamente gracias.

Ahora, descansa en paz.

jueves, 3 de noviembre de 2022

Un mes, un libro (X, con un poco de retraso): Personas decentes

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—Esa obra no me queda -me comentó mi librero- se agotó nada más llegar. El autor tiene una legión de seguidores incondicionales que están al tanto de sus publicaciones y las consumen en un tiempo record. ¿Sabía usted -continuó- que dentro del denominado boom latinoamericano es el segundo autor más vendido, solo por detrás de García Márquez?

Como habrá adivinado el avisado lector, el librero se estaba refiriendo a la reciente publicación de Leonardo Padura titulada Personas decentes.

—Pues no, desconocía ese dato. Es más, dada mi enciclopédica ignorancia desconozco también las publicaciones del autor, falta que pretendía subsanar, al menos en parte, con la citada obra, que por lo que leí sobre ella se trata de una novela negra protagonizada por un personaje ya clásico en su producción, el detective Mario Conde.

—Pero no se preocupe, si usted quiere la solicito nuevamente y en pocos días la tiene aquí -me respondió.

—¿Usted la leyó? ¿Qué tal es? -inquirí.

Mi amigo librero me miró, hizo un gesto inescrutable y en tono quedo manifestó:

—Bueno…, para un día de playa… -y rápidamente corrigió- pero no me haga mucho caso, que en esto de la lectura cada uno tenemos nuestros gustos. A mí es que la novela negra no me hace mucho tilín, prefiero otros géneros. Aunque no cabe duda de que tiene buena prosa. En fin, usted decide, sin compromiso.

Como quiera que a mí sí me gusta la novela negra y se daba la circunstancia anecdótica de que al poco pensaba marcharme a pasar unos días de descanso a orillas del Mediterráneo, no lo dudé un instante y encargué el libro que, efectivamente, a las setenta y dos horas tenía en mis manos.

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Como era de esperar me encontré con una novela negra que en realidad eran dos novelas negras, pues el autor, en una estructura inteligentemente diseñada, entreteje dos sucesos, uno que coloca en tiempos actuales y otro un siglo antes, perfectamente coordinados, lo que aumenta muy sabiamente el ritmo del escrito al tiempo que le aporta gran amenidad. Con ello además cumple con los criterios de la buena literatura negra, creando una intriga que hace que en muchas ocasiones sea difícil dejar que el libro repose y ceda el paso a otras actividades.

También era esperable, y afortunadamente también sucedió, que encontrara una prosa brillante, culta, detallada y muy ingeniosa. No podía ser de otra manera en este autor, pero siempre es de agradecer.

Se acompaña además de un análisis sicológico muy fino de los personajes, entre los que hay esas personas decentes a las que hace referencia el título, cuya vida es un ejemplo de heroísmo cotidiano, y auténticos indeseables capaces de las mayores canalladas con tal de satisfacer sus más bajas pasiones.

Con ese retablo el autor dibuja una descarnada crítica social de su país a lo largo de su historia y en el tiempo presente, e incluso mostrando una cierta desesperanza para el futuro. Si bien son por todos conocidas las difíciles circunstancias narradas de ese bello país y sus habitantes, sinceramente pienso que en este aspecto el autor sobreactua llevado de sus innegables dotes literarias, y sin que ese sea el motivo del libro acaba convirtiéndose en redundante.

En resumen: libro que se va a leer con facilidad por placer estético, en muchas ocasiones esbozando una sonrisa, y arrastrados inevitablemente por su intriga. Tenía razón mi amigo librero: para un día de playa, a lo que yo añado una salvedad: si es que a usted, amable lector, le gusta la novela negra.

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martes, 18 de octubre de 2022

Parada discrecional (VII): Tarancón, una agradable sorpresa

Hube de desplazarme a Denia, la ya citada por Estrabón como colonizada por los griegos foceos provenientes de Masalia, que alcanza su categoría de ciudad (Dianium) cuando las tropas de Sertorio establecen en ella una base naval.

Más como la edad dicta normas a las que conviene respetar, y una de ellas es no abusar de las fuerzas propias en los traslados, decidí desdoblar la jornada. Para ello busqué una localización sin más criterio que el de que estuviese aproximadamente a mitad del trayecto. Es así como decidí pernoctar en Tarancón, por primera vez en mi vida, localidad esta de la que no tenía ningún conocimiento ni referencia más de las que pudiera conocer en Wikipedia.

Aquí comienzan las sorpresas. Todas de lo más agradables, y dignas de recomendación.

El alojamiento lo hice en el Hotel Ansares, un establecimiento extraordinariamente moderno, con un diseño muy funcional, que lo convierte en altamente confortable, y con un personal de extraordinaria amabilidad. Aspectos que son los que más valoro en estas circunstancias.

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La primera sorpresa fue que en el propio interior del hotel se puede seguir una muy interesante exposición pictórica compuesta por nueve obras del artista Diego Checa, guiada por amplias y muy completas explicaciones a través de códigos QR, que nos muestra personajes, paisajes y costumbres taranconenses.

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Magnifica idea, pues son muchos los establecimientos hoteleros que guardan entre sus paredes manifestaciones artísticas dignas de grande admiración, y que en ocasiones pasan desapercibidas por los huéspedes. Así, por ejemplo, la red de Paradores de Turismo de España goza de un ingente patrimonio que incluso en 2015 dio motivo a una excelente exposición en la Sala Azca de Madrid, en colaboración con la Fundación Mapfre.

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¿Tan difícil sería para estos establecimientos utilizar la cómoda y sencilla tecnología citada para aportar un motivo más de solaz cultural al visitante?

Por si fuera poco, y como no solo de cultura se va a nutrir el viaje, el hotel estaba unido a un establecimiento gastronómico, el Restaurante Essential, que cumple criterios de calidad en lo alimentario, y un servicio absolutamente impecable y diligente. Sus salones son amplios y confortables, y la relación calidad-precio muy asumible. Así que todo esto lo convierte también en muy aconsejable.

Pero con todo lo anterior para mí la más agradable sorpresa me la traería el paseo por la localidad. Con ser un municipio no muy grande, tiene unos 16.000 habitantes, goza de un interesante número de infraestructuras culturales y de ocio y de monumentos, a saber el Palacio de los Duques de Riánsares, Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, con un magnífico retablo plateresco, Arco de la Malena, Convento de San Francisco, Santuario de la Virgen de Riánsares o la Casa Palacio de los Parada, del siglo xvi, y en la actualidad museo de arte y cultura que alberga el legado del pintor taranconero Emiliano Lozano.

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Y sobre todo esto lo más sorprendente para mí sería el Museo de Arte Contemporáneo, sito en el Auditorio Municipal. En 1985 se comienzan a realizar en él los Certámenes de Arte Contemporáneo en Pintura y Fotografía «Ciudad de Tarancón», promovidos por José Antonio Sequi, y es con la adquisición de las obras de los autores premiados con las que se fue formando y consolidando este Museo.

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¿No es admirablemente sorprendente que una localidad de 16.000 habitantes tenga un Museo de estas características? ¿No es una acción que debería ser ejemplarizante? Recordemos las palabras del propio Sequi que se pueden ver grabadas en la escalera de dicho Museo: No olvidemos que el «ARTE» no deja de ser una importante guía del conocimiento del medio y para mitigar los sufrimientos del ánimo. ¿No es motivo suficiente para encontrarse con él?

¿Se pueden pedir más a 18 horas de estancia?

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viernes, 30 de septiembre de 2022

Un mes, un libro (IX): Ignacio de Loyola, nunca solo

Es una obviedad señalar que son muchos los motivos que nos pueden llevar a la lectura, más no por ello dejaré de señalar tres:

En primer lugar el mero placer estético de disfrutar de algo bello y bien ejecutado. En segundo lugar el interés en el conocimiento, bien sea de nuevos personajes, pensamientos, espacios o épocas, y en tercer lugar la reflexión, tanto a favor como en contra, sobre ideologías o creencias. En ocasiones las tres motivaciones pueden ir unidas, como es el caso del libro al que en esta ocasión me refiero. Aunque también en ocasiones las dos últimas limitan mucho el marco del interés, reduciéndolo solo a lectores específicamente interesados.

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En este caso se trata de la biografía de una figura cuya indudable transcendencia  se prolonga hasta nuestros días y de forma muy activa. Obra sólidamente construida en lo histórico, aunque echamos de menos una lista de referencias bibliográficas, ausencia que está justificada en el Epílogo agradecido. Quinientos años después por una suerte de modestia intelectual y compensada por la relación de siete obras básicas importantes, incluida la Autobiografía del santo.

El relato nos muestra un personaje que, siempre desde el entusiasmo y el idealismo, va evolucionando en su mundo sicológico interior, con giros muchas veces insospechados y sorprendentes, y que evidentemente puede ser analizado positiva o negativamente desde muy variados ángulos.

Pero el autor, como comenta en el citado Epílogo, no se limita a realizar un relato histórico al uso, sino que con la libertad que le confiere su condición de creador trasciende este plano para añadir otro de reflexión de espiritualidad, pienso que muchas veces imaginado desde su posición personal en la que comparte tal espiritualidad. Ello permite, a quien le interese, utilizar también la obra a modo de ensayo, y por tanto como instrumento de meditación.

Todo esto con gran elegancia en el lenguaje y precisión en la estructura interna y en el ritmo del relato, no en vano este jesuita ovetense, José Mª Rodríguez Olaizola, es un gran comunicador con intensa presencia en los canales clásicos y en las redes sociales, y con no menos de diecinueve títulos publicados.

En resumen, recomendable como buena literatura para quien de alguna manera le pueda interesar el tema.

Versión 2

miércoles, 31 de agosto de 2022

Un mes, un libro (VIII): Opus nigrum

La historia es tozuda y el afán en olvidarla va parejo con su insistencia en reaparecer

(Joan Santacana)

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Dice mi amigo, y yo le creo a pies juntillas pues no en vano es una de las personas más cultas que he conocido, que Marguerite Yourcenar es una de las literatas más importantes que ha dado el pasado siglo XX. Y con razón que lo ha de ser dado que figura como la primera mujer en alcanzar el olimpo de los inmortales (Academia Francesa), con el mérito añadido de ser belga de nacimiento, y uno de los poquísimos autores cuyas obras se publican en vida en la colección de lujo de La Pléiade.

Pero además de sus muchos e indiscutibles méritos literarios (novelista, ensayista, poeta, dramaturga y traductora) su apasionante biografía y personalidad bien pudieran hacerla merecedora de ser uno de sus propios personajes. Huérfana de madre desde prácticamente el mismo momento de su nacimiento, en su infancia y juventud no fue a ninguna escuela ni centro docente, siendo siempre educada por su padre, Michel-René Clenewerck de Crayencour, personaje singular, de origen aristocrático, y ocasionalmente apoyada esta educación con preceptores particulares específicos.

Su padre, inconformista y de vida errante por toda Europa en los lugares preferidos por la aristocracia de la época, se hacía acompañar en sus viajes por Marguerite (Montecarlo, Italia, Montreux o Lausana). Además tenía aficiones literarias e introdujo a su hija desde muy joven en las obras de los mejores escritores europeos de la época como Flaubert, Maeterlinck o Rilke y en los clásicos como Virgilio, Aristófanes o Racine, algunos de los cuales leía ya  a la edad de ocho años. También le enseñó latín a los 10 años y griego clásico a los 12, y cuando Marguerite muestra sus inclinaciones hacia la escritura se las alienta de manera firme.

Con tales circunstancias no es de extrañar que nuestra autora fuera una persona culta, con gran pasión por la antigüedad greco-latina y por los viajes como expresión de libertad y adquisición de conocimientos, pero es ese aspecto, la libertad, el rasgo más característico que su padre le transmitió como forma de afrontar la vida. Tampoco es de extrañar que, como se desprende de sus memorias, Marguerite hiciera de él un héroe que se opone a las tradiciones rígidas. ¿No estaría pensando en él cuando construye el personaje de Zenón, alguien que, según ella misma manifiesta, hace tabla rasa total de las ideas y prejuicios de su siglo para ver después donde lo conduce libremente su pensamiento, alguien capaz de entender la libertad hasta el punto de permitirle decidir el modo y manera de su muerte, despreciando toda intolerancia o prejuicio institucional?

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Más si apasionante es su personalidad tanto o más apasionante es su literatura. Su primera novela aceptada por ella como digna de figurar en sus obras completas fue publicada a sus veintiséis años, y desde entonces no menos de veintiséis publicaciones de distintos géneros, cuyo análisis no es el objeto de esta breve reseña. Pero no podemos pasarlas por alto sin mencionar Memorias de Adriano donde se relata en primera persona la vida del emperador romano Adriano, a modo de carta a su nieto y sucesor Marco Aurelio. Escrita entre diciembre de 1948 y diciembre de 1950, en un principio se editó por entregas en la revista francesa La Table Ronde. La novela completa fue publicada por la editorial Plon en 1951.​ El libro tuvo un éxito inmediato y fue reeditado con muchas traducciones. En español destaca la realizada por Julio Cortázar, y alcanzó gran éxito a nivel popular cuando en 1982 el recién elegido Presidente del Gobierno de España, Felipe González, en una entrevista televisiva manifestó que lo tenía por su libro de cabecera. En Colombia, por ejemplo, también se convirtió en el libro más leído tras Cien años de soledad gracias a manifestaciones similares del Presidente Belisario Betancur, aunque en este caso fue él mismo el traductor de la obra del francés, incluso tres años antes de la citada de Cortázar.

Memorias de Adriano es considerada en todos los comentarios como una gran novela histórica, concepto que da pie a múltiples disquisiciones. Lo que es cierto es que si bien está enmarcada en una época histórica concreta y por su escenario desfilan acontecimientos y personajes de dicha época, no se trata de una novela histórica al uso donde se relatan fechas y datos de dichos acontecimientos. La Historia que propugna Yourcenar es un motivo para reflexionar sobre las diferentes fases de la condición humana a través de la generaciones que nos precedieron. Presenta a Adriano como un ilustrado que reflexiona como podría hacerlo un gobernante del siglo XX, quizás por ello los comentarios presidenciales antes citados. Es un retorno al pasado para reflexionar sobre el presente, reflexiones por cierto bastante pesimistas, aunque Yourcenar trata de poner su granito de arena para evitar esa tendencia hacia el desastre.

Ese mismo esquema es el utilizado en Opus nigrum, calificada también de novela histórica. Con ella obtuvo el Prix Fémina, uno de los grandes galardones literarios franceses junto con el Goncourt.

Comenzada su escritura en 1934 (otras fuentes incluso señalan 1921) en un relato titulado A la manera de Durero, que formaba parte de un libro titulado La muerte lleva la carreta, tras múltiples reelaboraciones concluyó su redacción en 1965 y publicada en 1968.

En este caso el personaje central, a diferencia de Memorias de Adriano, no es real sino ficticio. Médico, alquimista y filósofo del siglo XVI, es una síntesis de muchas de las ideas de Erasmo, Pico de la Mirándola, Paracelso, Campanella o Leonardo de Vinci. Su vida relatada en la obra es un viaje físico y espiritual, viajero empedernido como la propia Yourcenar, que consideran el viaje como aprendizaje.

La acción transcurre en  Flandes donde nos relata la prosperidad de su burguesía, las luchas entre las tropas de ocupación españolas y los nacionalistas independentistas, y las especulaciones económicas relacionadas con ellas. También aborda las novedades técnicas, preludio del maquinismo industrial del XIX, con las repercusiones sociales que implican y las pugnas religiosas originadas a partir del Concilio de Trento y la Reforma Protestante, con toda la carga de intolerancia y de violencia en los castigos de la Inquisición. En este escenario se asiste a la evolución interior y exterior del protagonista, desde su juventud hasta su vejez y su muerte por suicidio en la cárcel de la ciudad de Brujas.

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Una vez más Marguerite Yourcenar entiende su novela, Opus nigrum como una especie de espejo que “condensa la condición del hombre a través de esa serie de acontecimientos que llamamos historia”, y reflexione sobre los hechos que en ella ocurren en comparación con los hechos ocurridos en 1914 y entre 1930-1950, repasando las dos guerras mundiales, Hiroshima, la invasión de Hungría por los soviéticos, Argelia, para concluir que “la dignidad del hombre consiste en resistir al desastre”.

Así mismo, como en Yourcenar, la característica fundamental del personaje es su ansia de libertad y a partir de ella crear un modelo de vida. Su humanismo supera las propias barreras cronológicas, y siempre deseoso de conocimientos que le den la clave para superar las angustias de la humanidad, aún no resueltas en nuestra actualidad. Una vez más Yourcenar acude a la Historia para hablar del presente, es por ello que en la obra hay muchas historias dentro de la historia argumental.

En cuanto a lo literario toda esta densidad conceptual y de referencias culturales se combina tan sabiamente con una prosa bellísima de modo que en absoluto se hace difícil su lectura sino que se convierte en un auténtico deleite en el que, a mayor abundamiento, el ritmo no decrece en ningún momento, aumentando siempre el interés por el capítulo siguiente.

Dicho esto confirmo plenamente, como no podía ser de otra manera, la opinión de mi amigo, y en justa correspondencia recomiendo encarecidamente el libro al resto de amigos que aún no lo conozcan, si es que hay alguno.

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