martes, 16 de septiembre de 2014

La pintura victoriana, la colección Pérez Simón y el coleccionismo.

Este es el enlace con el artículo publicado en la revista digital Dignidad y Responsabilidad, que invito a conocer:

http://www.dignidadyresponsabilidad.com/magazine/la-pintura-victoriana-la-coleccion-perez-simon-y-el-coleccionismo/



miércoles, 17 de octubre de 2012

Las cosas de la música,...y de los sentimientos


Ante la posibilidad de disfrutar de la Novena Sinfonía de Beethoven, en interpretación de la OSPA (Orquesta Sinfónica Provincial de Asturias), dirigida por el maestro Rosen Milanov, intenté prepararme a conciencia, siguiendo mi convencimiento de que el mayor conocimiento aumenta el goce.

Así, consulté las doctas opiniones de FranÇois-René Tranchefort, en su "Guía de la música sinfónica", y de Jonathan Kramer, en su "Invitación a la Música", y durante  la semana previa escuché varias veces al día una versión de Von Karajan, al frente de la Filarmónica de Viena.

Transido de los sentimientos de grandeza, alegría y fraternidad que tan sublime obra genera, y complacido de la feliz coincidencia con la concesión a la Unión Europea del Premio Nobel de la Paz, accedí a nuestro Auditorio, dispuesto a escuchar con la mayor reverencia y concentración y dejar que toda mi alma se esponjase en el goce de la belleza.

Cuando en el primer movimiento, y tras el comienzo pianísimo, las cuerdas y la percusión alcanzan el esplendor del rigor beethoveniano, para después conceder una plácida transición y dialogar con el viento madera, cuando en el tercer movimiento se pone de manifiesto la serena belleza de toda la orquesta, incluidos los metales, cuando en el cuarto movimiento las cuerdas más graves desarrollan uno de los temas centrales, y cuando por fin, como si de la culminación de un séptimo día se tratase, emerge la voz humana, extasiada ante la alegría de la fraternidad, sentí la emoción del lenguaje de la música, que a todos nos iguala, sin diferencias, y nos hace trascender, y gocé, y agradecí al destino que Beethoven hubiera existido, y que yo, cerca de doscientos años después pudiera haberlo comprobado y haber compartido tales emociones con mi pareja y con mi buen amigo y vecino de localidad, con los que tantos conciertos hemos pasado juntos.

También agradecí el esfuerzo de los profesores de la orquesta, que nos ofrecieron su trabajo para nuestro deleite, y de la ponderada dirección del maestro Milanov, detrás de la cual había muchas horas de abnegación y de estudio.

Pues bien, poco después quise contrastar otras opiniones más doctas  y con criterio más formado, algunas de las cuales sigo habitualmente, y que son para mí motivo de aprendizaje, y de las que, me consta, los propios músicos admiten como  cercanas a su criterio.

Y aquí, ¡oh, cielos!, surgió la sorpresa. Resulta que según esas doctas y formadas opiniones, el concierto había rayado en el desastre. No había habido emoción ni concentración, las familias orquestales andaban poco menos que cada una a su aire, las transiciones entre ellas se hacían a destiempo, las dinámicas eran desacertadas, la percusión inapropiada, los metales desentonados, y en cuanto a la voz, los coros eran buenos pero no estaban empastados, y el director había hecho una lectura excesivamente convencional de la obra.

Así pues, en mi emoción y en mi disfrute, ¿me había dejado llevar de lugares comunes respecto de la obra?, ¿era simplemente que mi ignorancia musical es supina, lo cual por otra parte está fuera de toda duda?.

¿O quizás en estos avatares residirá precisamente la grandeza del arte?. ¿No será que el arte se dirige directamente a los sentimientos, y estos tienen razones que la razón no alcanza?.

¿No será que lo mismo que debemos reivindicar la libertad de expresión, también debemos reivindicar también la libertad de comprensión?

Los sentimientos no se dejan dominar por los cánones. De hecho, la humanidad avanza cuando los artistas los rompen. En el arte, como en la vida, importa tanto, alguno diría que más,  el sentir como el conocer, y tanto o más importante es la inteligencia emocional como la inteligencia cognitiva.

Por cierto, y para acabar, mi querido compañero de abono, que presume de tener, y de conocer, y me consta que es así, siete versiones distintas de la "Novena", y dos del mismísimo Furtwangler, y que desde sus 87 años está muy cerca de la sabiduría, también se emocionó en el concierto, lo mismo que otros muchos que así lo manifestaron en el muro de facebook de la OSPA.

En fin, que las cosas son según se miren. En este caso, según se escuchen.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

YA TENEMOS GOBIERNO NUEVO

Efectivamente, pasados los trámites pertinentes, a las 19,30 horas de hoy, el Presidente Sr. Rajoy, en una escueta comunicación de minuto y medio, y sin diálogo, comunicó a todos los españoles que ya tenemos nuevo gobierno.

En primer lugar quiero felicitar a todos sus miembros, en reconocimiento de su legitimidad democrática, y desearles el mayor de los éxitos, por cuanto que en su éxito irá nuestro bienestar.

En segundo lugar, en virtud de la potestad que me confiere como ciudadano el artículo 1.2 de nuestra Constitución (La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado), quiero exigirles que no lo olviden, y que consecuentemente recuerden que ellos son unos empleados nuestros a quienes encomendamos la gestión del interés del pueblo, y nunca, nunca "los amos del cortijo".

En tercer lugar quiero pedirles que, por coherencia con su ideología, tengan el valor de decidirse a trabajar por objetivos, y si estos no fueran alcanzados, Dios no lo quiera, tengan definidas las consecuencias a  arrostrar, lo mismo que tiene que hacer todo trabajador de este bendito país, que denominamos España, y que tiene un paro superior al 20 %.

viernes, 9 de diciembre de 2011

UNA MUESTRA DEL HERMITAGE EN MADRID

Mucho se ha escrito, ¡y lo que se escribirá aún!, de lo que es uno de los hechos sociales más relevantes de la temporada: la extensa y maravillosa muestra de los contenidos del Museo Estatal Hermitage, de San Petersburgo, que estos días tenemos la oportunidad de disfrutar en nuestro sin par Museo del Prado.


De los contenidos, calidades, etc., poco puede añadir este pobre amateur, máxime cuando además todas esas informaciones se encuentran recogidas de forma detallada en la muy cuidada página web del Museo del Prado: http://www.museodelprado.es/exposiciones/info/en-el-museo/tesoros-del-hermitage/ , y como se puede apreciar en la misma hay motivos de disfrute para todos los gustos, orfebrería, artes decorativas, escultura, pintura figurativa, impresionista e incluso abstracta en su máxima expresión (Cuadrado negro, de Malevich), etc.

Uno tiene singular pasión por Pablo Picasso, al que considera uno de los máximos creadores de todos los tiempos, y aquí se puede disfrutar de La bebedora de absenta, Niño con perro, Mujer sentada y Mesita en un café. Como es característico de mi admirado genio, cuatro cuadros, cuatro estilos totalmente distintos, y todo ello en un periodo de 11 años,...y lo que aún le quedaba por producir!.


Pero a parte de lo ya conocido, uno siempre trata de buscar nuevos motivos de goce, que para algo le ha de servir su "enciclopédica ignorancia", y he aquí que, en ese sentido, tuve la fortuna de topar con La visita del médico, de Gabriel Metsu.


Según me puedo informar, y también usted, amable lector, en la página del Museo Thyssen-Bornemisza, http://www.museothyssen.org/thyssen/ficha_artista/403 , Gabriel Metsu nació en Leiden hacia 1629, unos meses antes de la muerte de su padre, el pintor de origen flamenco Jacques Metsu. 

El biógrafo holandés Houbraken sostiene que se formó en su ciudad natal, en el taller de Gerrit Dou. Fue uno de los miembros fundadores del gremio de pintores de su ciudad natal, en el que se registró en 1648. Según los documentos del gremio, Metsu se ausentó de Leiden entre 1650 y 1652, periodo en el que probablemente trabajó en Utrecht. En 1657 se estableció permanentemente en Amsterdam y al año siguiente contrajo matrimonio con Isabella de Wolff, emparentada con la familia de pintores Grebber.

La. cronología de la obra de Metsu es difícil de establecer, ya que la mayoría de las aproximadamente ciento cincuenta pinturas que tiene atribuidas están sin datar. En una primera etapa, que abarca los años que pasó en Leiden y Utrecht, ejecutó composiciones de gran formato de carácter narrativo y escenas de herrerías, motivo muy popular entre los pintores de Utrecht. Estas obras iniciales acusan los influjos de los pintores Nicolaus Knüpfer y Jan Baptist Weenix. 

Tras regresar a Leiden en 1652, comenzó a pintar escenas de interiores en las que, al igual que Dou, utilizaba una ventana y una vela como principal fuente de luz. Una segunda etapa en su producción se establece a partir de 1657, cuando se trasladó a Amsterdam. Los interiores domésticos se convirtieron en su tema más recurrente, aunque también pintó retratos, naturalezas muertas y piezas de caza. Su técnica se volvió más refinada y los detalles, en especial la representación de distintos materiales en las ropas, adquirieron más importancia. La paleta de colores fríos y el estilo de sus obras maduras nos revelan influencias de Johannes Vermeer, el gran maestro de Delft, cuyas pinturas inspiraron claramente escenas como Hombre escribiendo una carta y Mujer leyendo una carta, ambas en la National Gallery de Dublín. 

A pesar de que Metsu nunca perdió su individualidad, su estilo fue capaz de asimilar los motivos y las soluciones de los grandes maestros del género como Gerrit Dou, Gerard ter Borch, Pieter de Hooch, Nicolaes Maes, Jan Steen y el citado Vermeer. Su único discípulo conocido fue el pintor de retratos y escenas de género Michiel van Musscher.

Más detalles de su vida y su obra pueden encontrarse en la página propia, http://www.gabrielmetsu.org/ .

En el cuadro que nos ocupa, óleo sobre lienzo de  61,5 x 47,5 cms., realizado entre 1660 y 1667, época ya de madurez técnica del autor, nos muestra una de sus características escenas de interior, en la que con el gran lujo de detalles en las vestimentas y decorado, nos traslada a un hogar de clase acomodada, en la que el personaje principal, subrayado por una sabia utilización de la luz, es una joven enferma de amores, ante la que el galeno mantiene una actitud de serena ecuanimidad mientras que su aya muestra una compasión cercana a la ansiedad. Una nota de gracia la pone el animalillo que cercano a su dueña también manifiesta inquietud.

También de este autor podemos contemplar en el Museo del Prado El gallo muerto, o La cocinera, el el Thyssen-Bornemisza. Por su parte, el Hermitage posee también El desayuno y Los comedores de ostras.




jueves, 24 de noviembre de 2011

DIE ZAUBERFLÖTE

He decidido comenzar una campaña de optimismo. No estoy dispuesto a salir cada mañana de la ducha con una taquicardia de 2.500 pulsaciones por minuto y una total ausencia de aire, es decir en pelno ataque de pánico, con la angustia en niveles máximos, por haber oido en el transistor del cuarto de baño las noticias económicas del día.

Mi profesión me enseñó, entre otras muchísimas cosas, que en toda patología inciden factores que son modificables y factores que no son modificables. Así, respecto del riesgo cardiovascular, yo no puedo hacer nada por modificar mi genética, y pero sí puedo decidir si fumo o no fumo. Y se da la circunstancia que en el ámbito de la salud física ya institivamente sabemos desentendernos de los factores no modificables.

¿Por qué no hacemos esto también en las otras esferas de nuestra vida?. El humor de la egoista Merckel o la maldad de los especuladores es algo que para mí es inmodificable, por eso voy a obviarlo y dedicarme a potenciar aquellas cosas que me permitan gozar de la vida, la poca o mucha que me quede, y sobre las que sí pueda actuar. Ejemplos: diálogos con mis seres queridos (además tengo la suerte de que son muy inteligentes), intercambio de afecto, paseo sosegado, disfrute de la música o de la pintura, así hasta muchos, y muchos más que procuraré buscar y entrenar.

Así la flauta mágica que transformará mi entorno, mi die zauberflöte, será la actitud. Los malvados, los sanguinarios especuladores podrán aumentar la prima de riesgo, podrán esquilmar los derechos sociales, pero jamás, jamás, jamás podrán lesionar ni mi dignidad ni mi alegría de disfrutar de lo poco o mucho que la vida me regale. ¡Qué le den tila a la Merckel y a los Botines de turno!

Ahora, ojo, los optimistas somos optimistas, pero no gilipollas (y perdón por la expresión, vulgar pero admitida por el D.R.A.E.), por lo que no renuncio al análisis de las causas y las consecuencias de su maldad y de como pueden ser contrarrestadas, e incluso de contribuir a contrarrestarlas.

Pero mientras tal utopía llega, no perderé mi tiempo, que queda poco y es muy valioso, porque además tanto la angustia como el optimismo son contagiosos.

Así que queda inaugurada mi campaña de optimismo, y ¡a seguir entrenando!

P.D.: Mi reconocimiento a una admirada amiga que ya hace tiempo que mantiene tal actitud y la fomenta en Facebook, y por cierto, parece que el Sr. Punset (como decía mi amigo, "que tio más listo que piensa igual que yo") va a publicar en breve un libro que lleva por título "Hay motivos para el optimiso"

domingo, 20 de noviembre de 2011

LAS MAÑANAS DEL MUSEO

En esta mañana apacible, tibia y soleada del otoño ovetense continuamos disfrutando de las visitas guiadas, y bien guiadas, a dos obras de nuestro Museo de Bellas Artes de Asturias.

En esta ocasión los objetos de disfrute eran esculturas, y en este caso, dos obras del siglo XX.

En primer lugar, una de Amador: Tetraktys vertical, ondulante y ascendente.



Amador (Rodríguez Menéndez), aunque nacido en Ceuta, decía sentirse asturiano "porque quiero serlo y porque lo eran mis padres, mis abuelos y todos mis antecesores".  Comienza a trabajar con la escultura en 1958, y aunque atraviesa diversas etapas, lo hace siempre en ámbitos muy conceptuales y de profunda investigación matemática, pero a la par, de gran belleza formal y con un trato del material que podíamos denominar de delicado.

Todo eso se expresa en la pieza reseñada, que además de contener toda la sabiduría pitagórico-numérica que la sustenta, realizada en mármol negro, a la que le confiere sensación de ligereza y movimiento, y que acaba invitando a la caricia.

El siguiente autor, lo mismo que el anterior se consideraba y era considerado asturiano, aunque había nacido en Madrid, en 1934. Hablamos de José María Navascués. De comienzos autodidactas, fue pintor, pero fue con la escultura, que estructuraba en series, cuando alcanza su mayor madurez artística, siendo la madera, a la que daba minuciosos y complejos tratamientos, uno de sus materiales preferidos.


Esta obra la realizó en 1975, en madera encerada en negro, en la que define envolturas corporales, de carácter anatómico, con las que se puede interactuar, colocándoselas y dotándolas de un carácter perturbador.

domingo, 13 de noviembre de 2011

UNA ESTUPENDA INICIATIVA

Desde hace un tiempo, el Museo de Bellas Artes de Asturias desarrolla una estupenda iniciativa. Todos los domingos, previa inscripción gratuita y de 12,30 a 13,15 horas realiza una visita guiada a dos de los cuadros de su estupenda colección permanente.

En el caso de hoy son los que muestro a continuación, que aunque de diferentes estilos pictóricos están unidos por la temática común de costumbrismo asturiano, uno de finales del XIX y otros del primer tercio del XX.


Este primero, titulado "Filandón", pertenece a un pintor, Luis Álvarez Catalá, que aunque nacido en Madrid, tenía sus orígenes familiares en Monasterio de Hermo, pueblecito de Cangas de Narcea, del que se sentía natural. Llegaría a ser Director del Museo del Prado.

El cuadro, óleo sobre tabla, de pequeño formato, revive sin embargo con excelente técnica figurativa, una tradición que, aunque de forma minoritaria, aún se conserva en algunos casos, y que tenía un relevante papel socializador en la comunidad. Por ello también, tan realista pintura alcanza un gran valor etnogáfico.

En un grácil salto de 50 años que solo el arte nos permite, llegamos al siguiente cuadro:



En este caso, en un formato mayor, y sobre tela, uno de los hitos de la pintura asturiana, el gijonés Nicanor Piñole nos muestra una no menos significativa imagen de nuestra tierra, "Recogiendo la manzana".

En este caso el realismo es sustituido por la adaptación del impresionismo, lo que muestra un colorido y luminosidad que puede sorprender a quien solo imaginan bruma y lluvia cuando piensan en el norte.

Así pues, excelente actividad, que realmente crea cultura, de lo que tan necesitados estamos. Y además es de señalar que la guía de la misma alcanza un más que muy notable nivel en su exposición, lo cual también es muy de agradecer.