jueves, 22 de junio de 2023

LÉXICO FAMILIAR

A Mamarina, in memoriam

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Se dice que en el principio fue la palabra. ¿O fue el sonido? ¡Qué más da! El caso es que cuando ello se articuló en significados debería habernos servido para comunicarnos, para entendernos, para expresar nuestros sentimientos, ampliar nuestro conocimiento y compartirlo con los demás.

Desgraciadamente no solo no fue así, sino que pasado poco tiempo y desarrollado el egoísmo humano y su desmedida ansia de poder el lenguaje también fue utilizado para la agresión, el engaño y la dominación. Pero esa es otra historia, larga y triste. Aunque no debe ser olvidada porque la pérdida de la memoria es la base de la demencia.

Pasando a otro asunto, también se dice que la verdadera patria del ser humano es su infancia. Y al respecto tampoco se debe olvidar que hay patrias acogedoras donde en sus campos mana la leche y la miel y patrias crueles donde el hombre es un lobo para el hombre.

Más el ser humano tenemos una atávica necesidad de esperanza. Así, incluso en los más crueles escenarios bélicos o de marginación podemos en ocasiones ver a niños jugando e incluso esbozando una más o menos triste sonrisa.

Y también tenemos la necesidad de pertenencia.

Pues bien, ambas necesidades las utilizamos para crear, o creer que creamos, un espacio de afectos en el que sentimos una cierta seguridad.

Unas poderosas guías para movernos en ese espacio son señales o códigos que solo conocen sus habitantes. Esas señales o códigos constituyen el léxico familiar cuando ese espacio que se convierte en patria acogedora es la familia. Son palabras o frases más o menos infrecuentes, incluso en ocasiones erróneas o sin mucho sentido pero que son capaces de despertar en nosotros memorias y, a partir de ellas, sentimientos que solo podemos conocer y compartir los habitantes de esa patria.

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miércoles, 24 de mayo de 2023

PARVULARIO (III): AMISTAD.


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A Ana B.


Si mis queridos lectores tienen la paciencia de continuar leyendo mis ejercicio en el Taller de Escritura, aquí les muestro el último.

En esta ocasión nuestra entrañable profesora nos pidió que, escogiendo como base una de las palabras del diccionario particular comentado en el primer ejercicio, escribiésemos un pequeño relato.

Yo escogí la palabra «amistad» y a continuación expongo dicho relato:

Cada vez que Alberto tenía que pasar por aquel barrio o sus inmediaciones indefectiblemente se acercaba al pequeño y entrañable café. Incluso en muchas ocasiones lo hacía sin causa ni pretexto algunos.

Nada más verlo entrar, el camarero, sin preguntarle siquiera, le servía siempre en aquella misma mesa su habitual café solo, corto y concentrado, acompañado de un vaso de agua sin hielo.

Alberto le daba las gracias con el mayor afecto y se ensimismaba en sus pensamientos, también siempre los mismos.

-¡Qué de vueltas da la vida, y como influyen las casualidades! -se decía. y a continuación gustaba de rememorar aquel ya lejano anochecer de noviembre.

Sonaban las ocho en las campanas del Ayuntamiento mientras que la noche ya se había recostado sobre la ciudad. Las luces de los escaparates se iban apagando, las calles se iban quedando vacías y silenciosas y una pertinaz brisecilla iba enfriando aún más el triste entorno.

Alberto, como cada día, había abandonado muy de mañana su inhóspita pensión, había paseado, paseado y paseado sin ningún rumbo fijo. Y tras releer en el centro social municipal una prensa que por cierto no le interesaba en absoluto, se refugió en el comedor social donde, gracias a las monjas, al menos podía mantener una alimentación elemental, pero suficiente y saludable.

Y después, vuelta a pasear hasta que, también como cada día, abrieran las puertas para la jornada de tarde en el museo provincial. Prácticamente se lo sabía de memoria, e incluso, llevado por su curiosidad, comenzaba a pergeñar una cierta culturilla plástica con la que según su estado de ánimo, malo o peor, prefería revisitar unas escuelas y unos estilos u otros. Lo que siempre le molestaba eran los retratos de los reyes, cardenales o demás jerarcas sociales. Si embargo aquel “Después de la huelga”, de un tal José Uría, aunque le entristecía al mismo tiempo le emocionaba, o aquel otro titulado Filandón, de un tal Luis Álvarez Catalá, que siempre era capaz de despertarle una sonrisa nostálgica. Esos dos cuadros formaban parte fija de sus sempiternos paseos museísticos.

Posteriormente, si había alguna actividad cultural en el museo (charla, proyección, concierto, etc.) se quedaba con el solo objetivo de retrasar la vuelta a la inhóspita pensión.

Pero aquel anochecer de noviembre no había ninguna de esas actividades, por lo que pronto se cerrarían las puertas de la entidad, y a él no le quedaba más remedio que volver a la calle oscura y fría.

La situación económica de Alberto era bastante perentoria. Sus escasos ahorros disminuían a una alarmante velocidad, ya a duras penas podía pagar el coste de la inhóspita pensión, y los otros gastos más imprescindibles, como artículos de higiene o la mínima vestimenta y calzado tenía que sufragarlos gracias a la ayuda de alguna asociación caritativa, así que no se podía permitir el más mínimo dispendio.

Sin embargo aquel día su ánimo estaba aún más bajo que de costumbre por lo que decidió, quizás también empujado por el frío del ambiente, que bien se merecía regalarse un mínimo lujo, aunque fuera en forma de un café solo, corto y concentrado como los que gustaba de tomar varias veces al día allá en sus tiempos de bonanza, aquellos que ya no recordaba y que parecían estar sepultados en lo más hondo de la caverna de Platón.

Sin pensarlo intencionadamente, como por casualidad, sus erráticos pasos lo habían conducido a la altura de la entrada de aquel pequeño café, de aspecto entrañable, así que decidió entrar.

Y al traspasar la puerta sucedió el milagro.

Ya sabía que la mayoría de las personas, por no decir todas a quienes les contase lo acaecido le dirían que era fruto de la casualidad, pero él a día de hoy aún sigue pensando que fue un milagro.

Nada más entrar se percató de que efectivamente era un lugar de ambiente íntimo y cordial. El frío claramente se quedaba en el exterior. El interior estaba ocupado por tres mesas y una pequeña barra tras la cual el camarero se esmeraba en secar los vasos. Una suave iluminación y una agradable música de soft jazz generaban ese entorno acogedor.

Solo la mesa del fondo estaba ocupada, y cuando dirigió su vista hacia el allí su cara mostró el mismo asombro y estupefacción que la del ocupante de la misma. Ambos contuvieron la respiración durante unos segundos, pasados los cuales el cliente se levantó como un resorte y corrió hacía Alberto al que abrazó con intensidad. Así permanecieron un medio minuto hasta que el hombre de la mesa exclamó:

-¡Pero que maravillosa sorpresa, Alberto! ¿Qué es de tu vida? ¿Donde te metiste durante todo este tiempo? Cuando desapareciste estuve buscándote hasta de que me convencí de que era imposible dar contigo. Pero, ¡cuéntame, por favor!

Alberto aún tenía los ojos humedecidos y con voz a punto de quebrarse le contestó:

-Pablo, lo primero decirte que esta sorpresa es también para mí maravillosa, y lo segundo, pedirte perdón por mi espantada, pero es que mi vida se volvió muy negra, por lo que por tristeza y también por vergüenza quise apartarme de todo lo que significaba mi pasado.

Así, a continuación, Alberto le contó como en el momento que la vida más le sonreía, con un trabajo muy productivo que le permitía llevar un excelente ritmo de vida, y una familia estable, de pronto todo cambió. La crisis del 2008 le pegó de lleno y dio al traste con su empresa, tuvo que ir vendiendo todos sus activos hasta quedarse sin nada, el ambiente familiar comenzó a hacerse más tenso, con desavenencias cada vez más frecuentes hasta que se quebró definitivamente, y los denominados amigos comenzaron a disminuir hasta desaparecer.

-Total que, como en el tango ese que titulan «Cuando me hablan del destino», me vi arruinado y solo, y así estoy ahora, en el borde de la exclusión social. ¡ Quien me lo iba a decir a mí, con el ritmo de vida que llevaba y la seguridad que creía tener! Y ahora, ya ves, tratando de sobrevivir con los pocos ahorrillos que me quedan. Aunque bueno, tengo salud y todavía puedo pagarme un techo, inhóspito pero techo, así que tratemos de ver la poca luz que aún queda.

Y continuó:

-Pero, bueno, dejemos mis penas a un lado, gocemos de este maravilloso reencuentro, y cuéntame que es de tu vida.

Pablo no salía de su estupefacción por lo inesperado del encuentro y por el relato de Alberto. En pocos segundos mil ideas le bulleron en la cabeza, pero sobre todo se preguntaba como expresar lo que sentía sin aumentar aún más todo el dolor volcado por su amigo.

-Pues, ¿qué quieres que te diga? Mi vida es bastante anodina, aunque tranquila. Continué, como cuando nos conocimos, como funcionario de aquella empresa estatal hasta llegar a una ventajosa prejubilación. Desde entonces me dedico a pasear, escuchar mucha música y escribir relatos para mis nietos, y sobre toda a tratar de evitar sobresaltos, y en eso la vida es sumamente generosa conmigo. Como ves, nada especial.

Y continuó:

-Pero ahora que ya nos hemos puesto al día, quiero decirte muy seriamente dos cosas, y no quiero un no por respuesta. Antes de que nos vayamos a cenar y continuemos con nuestras conversaciones de antaño y para no volver a tocar más el tema, dime, primero, cuanto dinero necesitas para sobrevivir mínimamente, y segundo, escoge un día fijo de la semana, el que tú quieras, para comer en mí casa, que la soledad no es en absoluto buena consejera.

Alberto sabía de la sinceridad y la generosidad de su amigo, por eso sus ojos se humedecieron aún más y un nudo se puso en su garganta impidiéndole articular palabra. A duras penas pudo pedir su café, y tuvo que utilizar las dos manos para evitar que el temblor de la emoción le impidiera tomarlo.

Después Pablo insistió en que cenarían juntos en un bar próximo, que solo hablarían de tantos buenos recuerdos comunes como tenían, y que únicamente al final su amigo debía responderle a las dos preguntas que le había formulado.

Efectivamente la cena transcurrió agradablemente, lo que constituyó un auténtico bálsamo para Alberto y hasta consiguió que por algunos instantes la amargura desapareciera de su ánimo. Al finalizar, y ante la reiteración de Pablo, Alberto le expresó que aún tenía unas reservas, mínimas pero reservas, que le permitirían subsistir, y que de momento prefería continuar el mismo estilo de vida, sin que ello significase no admirar o despreciar la generosidad de su amigo, y como testimonio de ello sí le decía que escogía el miércoles para esas comidas familiares que le regalaba y que estaba seguro sería la mejor medicina para su malherido ánimo.

Y así fue. Todos los miércoles, puntualmente a las dos de la tarde, Alberto se presentaba en casa de su amigo donde era acogido con gran cariño y delicadeza. La charla de los temas cotidianos de los miembros de la familia le servían de saludable distracción, y posteriormente tras una prolongada sobremesa ambos amigos daban un largo paseo, como antaño, hasta bien entrada la tarde.

Cuando Alberto volvía, la pensión, como no podría ser de otra manera, continuaba igual de inhóspita, pero en su interior crecía una ilusión como hace tiempo que no sentía, y el horizonte de un próximo miércoles le daba fuerzas para el resto de la semana.

Pasó un tiempo, la fortuna quiso sonreírle en forma de otra persona que se cruzó en el camino de Alberto y un trabajo modesto pero suficiente para estabilizar su vida. Pero eso es otra historia.

Ahora Alberto estaba en su café, el de los dos amigos, y podía pagarse desahogadamente su solo corto y concentrado. y aunque su amigo ya no podía acompañarlo, pues su gran corazón había dicho basta de forma inesperada para todos, él siempre rendiría íntimo agradecimiento a quien le había enseñado el significado de una palabra hermosa: amistad.

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lunes, 1 de mayo de 2023

Parvulario (II): Palabras alocadas

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Amables lectores:

Sigo con la publicación de mis ejercicios en el Taller de Escritura. En esta ocasión la profesora nos propone "disparatar" y para ello nos sugiere dos opciones. La primera sería inventar palabras sin sentido y darles una imaginaria definición, y la segunda sería utilizar palabras ya existente en nuestra lengua y atribuirles definiciones irreales.

Yo elijo la primera opción, y el texto pergeñado es el siguiente:

PRESOMERANCIAS.- Conjunto de veinticuatro papiros encontrados en las excavaciones del denominado poblado de Antenon, no muy alejadas de las de Ítíca, y que descifrados por un programa de inteligencia artificial, contienen normas jurídicas y sanitarias, entre otras, del pueblo de los legerones.

LEGERONES.- Pueblo proveniente del extremo más oriental de Asia Central, y que encabezados por el rey Arfidegne II se establecieron en las costas de Asia Menor bañadas por el mar Egeo, unos cinco mil quinientos años antes de nuestra era, y a los que se atribuye un alto desarrollo cultural, con escritura propia y gran desarrollo tecnológico.

SIMILITRUNQUE.- Instrumento descrito en el papiro veintiuno de las Presomerancias, utilizado para el transporte de materiales de construcción y otros usos, y que hoy en día puede ser considerado el precursor del carretillo de mano.

A partir del año 3000 antes de nuestra era, y coincidiendo con el comienzo de la civilización cretense, desaparece toda mención o huella de los legerones, constituyendo uno más de los misterios insondables de la Historia.

P.D.: Certifico que todos los datos contenidos en este escrito son rigurosamente falsos.

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miércoles, 19 de abril de 2023

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Tras doscientas y pico entradas y más de cuatro meses sin publicar nada creí llegado el momento de plantearme en serio aprender a escribir. Por ello acepté una amable invitación para inscribirme en un taller de aprendizaje de escritura. Y allí que me fui, con mi libreta nueva, mi lápiz, mi goma de borrar (seguro que tendré mucho que borrar) y sobre todo con una gran ilusión.

La profesora, entrañable, muy empática y con una gran cultura literaria (aunque la expresa con infinita modestia) nos dio las primeras instrucciones, entre las que me quedé con que debíamos perder la vergüenza, desinhibirnos y jugar con todos los componentes de la escritura. Para ello, y como primer ejercicio, nos pidió que hiciéramos un alfabeto personalizado, considerando palabras que comiencen con cada una de sus letras componentes y que tengan un especial significado para nosotros, señalando dicho significado.

Para cumplir con la primera de sus instrucciones, la de perder la vergüenza (si es que no la tenía perdida ya) me propongo volcar en esta nube mis ejercicios, con el ruego a los posibles lectores de benevolencia y de cumplir con la obra de caridad de enseñar al que no sabe.

Una salvedad a este primer ejercicio. Dada mi habitual desidia y desorden he realizado solamente tres de las solicitadas letras, y no manteniendo el orden establecido por las autoridades lingüísticas.

Pero basta ya de prolegómenos, y volquemos el citado ejercicio. Este es:

Alfabeto personal.

Amistad

En ocasiones comenzar con un topicazo puede ser un buen argumento para anular la vergüenza de expresarse en público. En este caso, por ejemplo: quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

Aunque esto no por topicazo es menos cierto. Quienes hemos tenido la fortuna de experimentarlo, bien lo sabemos.

Pero, cuidado, es menester definir lo que entendemos por amistad.

La amistad está forjada en la generosidad, la fraternidad y la gratuidad, por lo que es algo que conforma uno de los ejes fundamentales de nuestra vida dándole una dimensión mejor y más bella.

Pero como todo tesoro es un bien escaso. Así, es obvio que no es amigo cualquier conocido, tampoco es amigo el compañero de tertulia, de barra de bar, de trabajo o actividad.

Amigo es el que está siempre disponible para ti, al que sabes que puedes acudir, aunque haga tiempo que no te habías relacionado con él, y sobre todo al que sabes que le puedes decir, y él a ti, esas verdades que no nos gusta oír. Con el que puedes discutir acaloradamente para instantes después ir a compartir una taza de café.

Por eso los auténticos amigos son tan escasos y valiosos.

Zaparrastroso

Y para continuar con el tópico, de la A la Zeta.

Las palabras destacan por su significado. Pero también pueden hacerlo por su sonoridad, incluso por su musicalidad. Pueden ser notas que sabiamente combinadas en un pentagrama componen la sinfonía de un texto, y que se pueden complementar con el ritmo y hasta con la tonalidad con que son pronunciadas.

Zarrapastroso (o zaparrastroso, que ambas formas admite la RAE), como desaseado, andrajoso, desaliñado y roto, o también dicho de una persona: despreciable, por aquello de las tonalidades puede ser una simple descripción en un relato o un insulto lanzado a modo de pedrada sentimental, con ánimo de zaherir y despreciar.

En todo caso no me negaran que al escuchar la palabreja no les parece estar oyendo parte de una obertura wagneriana, con todos sus metales y percusiones.

Coherencia

Siguiendo el eje de los topicazos, si el sentido común es el menos común de todos los sentidos, la coherencia, en el sentido de actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan, es la más infrecuente y la más difícil de las características personales.

Echemos un vistazo a nuestro alrededor y contemplemos las personas que conocemos en nuestro ámbito privado, o las que en el ámbito público se exponen a la contemplación general. ¿Son muchas las que en los momentos difíciles y trascendentales saben defender o vivir esos principios? ¿Son muchas por las que en ese sentido pondríamos la mano en el fuego?

Y sin embargo es seguro que tenemos la inmensa suerte de conocer alguna, aunque también es seguro que no son tantas como desearíamos.

Esas personas se convierten para nosotros en referentes, en faros cuya luz ilumina el camino de nuestra vida, aunque en ocasiones también pongan de manifiesto nuestras sombras.

Su solidez me recuerda la de las columnas del Partenón, una de las más grandes maravillas creadas por la mano y la mente humanas, y que veinticinco siglos después, sabiendo sobrevivir a calamidades múltiples, da testimonio de esa virtud que los griegos nos enseñaron, la excelencia.

Pues hasta aquí el primero de los ejercicios. Espero continuar con los venideros, que prometo contarles, y también espero seguir divirtiéndome tanto como hasta ahora.

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domingo, 25 de diciembre de 2022

Un mes, un libro (XI, con bastante retraso): Un caballero en Moscú

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Una muy estimada amiga me hizo el regalo de esta para mí sorprendente y preciosa novedad editorial, obra del escritor estadounidense Amor Towles.

Y digo que para mí es sorprendente porque aunque la obra se había publicado en España en 2018 (y curiosamente el mismo día de mi cumpleaños) nunca hasta que mi amiga me la mencionó había oido hablar de la misma ni de su autor. Aunque todo esto a quien no sorprenderá es a usted, paciente lector, conocedor de mi enciclopédica ignorancia.

No menos asombroso es el hecho de que, según me informa mi librero, haya sido un auténtico best-seller fundado únicamente en el boca a boca, sin que su editorial haya hecho ningún esfuerzo inversor en publicidad.

Calificaba también la obra de preciosa por su originalidad, ingenio en el desarrollo, consistencia en la estructura,  riqueza lingüística, sentido del ritmo, excelente documentación, humor, ironía y elegancia, mucha, mucha elegancia en el más extenso sentido del término.

Breve sinopsis: Un aristócrata ruso de la época zarista, con todos los privilegios de su clase y cuya injusticia admite, es atrapado por la revolución bolchevique, y condenado a muerte. Una afortunada circunstancia para él, la de haber sido en sus años juveniles el autor de un poema que fue considerado como una de las más altas cimas de la literatura precursora de la revolución, le salva de la muerte, pero le condena a vivir el resto de sus días en el famoso Hotel Metropole de Moscú, aunque por supuesto no en la suite que utilizaba habitualmente cuando sus aristocráticas circunstancias estaban en vigor, sino en un pequeño e incómodo trastero  sito en el desván del edificio. Y todo ello con la amenaza de que si ponía un pie fuera de las dependencias del hotel, sería fusilado de inmediato.

A partir de este planteamiento, por la novela van pasando no solo la evolución psicológica del personaje y el proceso de adaptación a las, para él, nuevas circunstancias sino también toda una serie de personajes que van mostrando los diferentes matices del alma humana, desde la amistad generosa hasta el resentimiento vengativo, pasando por la ternura o la contradicción. Todo ello expuesto, como antes comentaba, con humor e ironía con los que enfatiza la importancia de lo dicho, al tiempo que con erudición ampliamente documentada y una bella prosa, que de forma inteligente y sutil sabe contar muy duras situaciones con una elegante serenidad.

La lectura se hace fácil y nos va atrapando capítulo tras capítulo por una aparente falta de linealidad narrativa en la que alterna los flash-back y los anticipos, y en la que destaca también la minuciosidad en los detalles. En cuanto a la excelente documentación llega a asombrar lo referente a la minuciosidad en la composición de los menús y la adecuación de los diferentes vinos en los maridajes gastronómicos, así como todo lo referente a los ambientes musicales y muy especialmente el jazz.

Por supuesto no le falta tampoco suspense y sorpresas finales. Por todo ello lo considero altamente recomendable a todos los amigos que entiendan la lectura como un placer y un arte. Estoy seguro que lo disfrutarán y agradecerán este modesto consejo. Ya me contarán que les parece.

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lunes, 19 de diciembre de 2022

Cuando un amigo se va

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Hoy es el día del cumpleaños de mi más entrañable amigo, Francisco (Paco) Martín Angulo. Desgraciadamente se nos fue hace dos semanas de forma inesperada y súbita. En su recuerdo reproduzco estas líneas leídas en su Ceremonia Civil de Despedida.

Querido Paco:

Tu sabes bien, porque en muchas ocasiones me acompañaste en ello, la cantidad de veces que por mi profesión he tenido que hablar en público. Te aseguro que nunca me fue ni me será tan difícil como hoy, así que te pido que si el sentimiento me traiciona me perdones. Y sé que lo harás porque siempre disculpabas mis defectos.

Te fuiste físicamente, pero estate seguro de que todos los que te queremos te tendremos siempre presente en el recuerdo y en el afecto.

Yo, nunca podré olvidar nuestros paseos, nuestras tertulias, nuestras charlas y confidencias e incluso nuestras amistosas divergencias sobre la música contemporánea, pero sobre todo lo que nunca, nunca podré olvidar es tu generosidad.

Porque tú, Paco, fuiste la personificación de la generosidad. En los momentos difíciles era tu generosidad total, sin límites, gratuita, la que ofrecía todo el calor humano y el acogimiento de la amistad franca.

Ahora ya no vamos a poder charlar ni discutir más, pero me queda el consuelo de haber compartido contigo un tiempo en el que te ví vivir una vida plena y feliz, llena de motivos de satisfacción, orgulloso de tus nietos, para los que tantos relatos escribiste, y tus hijos, y de poder disfrutar de todo ello tranquilo y confiado gracias a los infinitos y minuciosos cuidados de Ana, a quien hace pocos días quisiste mostrar tu cariño y agradecimiento con un regalo que la vida no quiso que llegarais a disfrutar.

En definitiva, el poeta con el que compartiste la austeridad de los campos de Castilla diría que fuiste un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Por todo ello, por tu ejemplo, por tu generosidad y por tu amistad, querido Paco, eternamente gracias.

Ahora, descansa en paz.

jueves, 3 de noviembre de 2022

Un mes, un libro (X, con un poco de retraso): Personas decentes

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—Esa obra no me queda -me comentó mi librero- se agotó nada más llegar. El autor tiene una legión de seguidores incondicionales que están al tanto de sus publicaciones y las consumen en un tiempo record. ¿Sabía usted -continuó- que dentro del denominado boom latinoamericano es el segundo autor más vendido, solo por detrás de García Márquez?

Como habrá adivinado el avisado lector, el librero se estaba refiriendo a la reciente publicación de Leonardo Padura titulada Personas decentes.

—Pues no, desconocía ese dato. Es más, dada mi enciclopédica ignorancia desconozco también las publicaciones del autor, falta que pretendía subsanar, al menos en parte, con la citada obra, que por lo que leí sobre ella se trata de una novela negra protagonizada por un personaje ya clásico en su producción, el detective Mario Conde.

—Pero no se preocupe, si usted quiere la solicito nuevamente y en pocos días la tiene aquí -me respondió.

—¿Usted la leyó? ¿Qué tal es? -inquirí.

Mi amigo librero me miró, hizo un gesto inescrutable y en tono quedo manifestó:

—Bueno…, para un día de playa… -y rápidamente corrigió- pero no me haga mucho caso, que en esto de la lectura cada uno tenemos nuestros gustos. A mí es que la novela negra no me hace mucho tilín, prefiero otros géneros. Aunque no cabe duda de que tiene buena prosa. En fin, usted decide, sin compromiso.

Como quiera que a mí sí me gusta la novela negra y se daba la circunstancia anecdótica de que al poco pensaba marcharme a pasar unos días de descanso a orillas del Mediterráneo, no lo dudé un instante y encargué el libro que, efectivamente, a las setenta y dos horas tenía en mis manos.

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Como era de esperar me encontré con una novela negra que en realidad eran dos novelas negras, pues el autor, en una estructura inteligentemente diseñada, entreteje dos sucesos, uno que coloca en tiempos actuales y otro un siglo antes, perfectamente coordinados, lo que aumenta muy sabiamente el ritmo del escrito al tiempo que le aporta gran amenidad. Con ello además cumple con los criterios de la buena literatura negra, creando una intriga que hace que en muchas ocasiones sea difícil dejar que el libro repose y ceda el paso a otras actividades.

También era esperable, y afortunadamente también sucedió, que encontrara una prosa brillante, culta, detallada y muy ingeniosa. No podía ser de otra manera en este autor, pero siempre es de agradecer.

Se acompaña además de un análisis sicológico muy fino de los personajes, entre los que hay esas personas decentes a las que hace referencia el título, cuya vida es un ejemplo de heroísmo cotidiano, y auténticos indeseables capaces de las mayores canalladas con tal de satisfacer sus más bajas pasiones.

Con ese retablo el autor dibuja una descarnada crítica social de su país a lo largo de su historia y en el tiempo presente, e incluso mostrando una cierta desesperanza para el futuro. Si bien son por todos conocidas las difíciles circunstancias narradas de ese bello país y sus habitantes, sinceramente pienso que en este aspecto el autor sobreactua llevado de sus innegables dotes literarias, y sin que ese sea el motivo del libro acaba convirtiéndose en redundante.

En resumen: libro que se va a leer con facilidad por placer estético, en muchas ocasiones esbozando una sonrisa, y arrastrados inevitablemente por su intriga. Tenía razón mi amigo librero: para un día de playa, a lo que yo añado una salvedad: si es que a usted, amable lector, le gusta la novela negra.

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