martes, 17 de agosto de 2021

Los libros (también) son para el verano

Llegadas estas fechas solemos pensar que es el momento de recuperar esas lecturas que van quedando pendientes a lo largo del año y que además servirán para proporcionarnos momentos de relajo en el ajetreado calendario de playa, piscina, chiringuitos, etc. Para ello los periódicos nos regalan listas con la indicación de los títulos más adecuados a nuestros gustos y características.

Quiero echar un cuarto a espadas en la cuestión, pero desde un punto de vista totalmente subjetivo, y sin la más mínima intención ni clasificatoria ni calificadora. Señalar previamente dos cuestiones: primero, soy lector de todo el año, por lo que en verano lo único que hago es continuar con los libros que tenga entre manos de atrás, y segundo, dado mi consustancial desorden en todos los aspectos de mi vida, no podía escaparse a él el hábito libresco, por lo que compaginar varios de ellos al mismo tiempo es lo habitual, sin ningún orden ni concierto ni por qué.

Qué manejo, pues, en estos momentos que me ayuden a soportar los rigores de la temperatura de esta bella ciudad de la costa levantina?.

Comentaba semanas atrás que llevado de mi admiración por los escritos de Rafael Narbona había llegado a una publicación de José Jiménez Lozano, El Mudejarillo, al que me atrevía a calificar como uno de los textos más bellos que últimamente había leído, y que además despertó mi interés por la vida de San Juan de la Cruz, al punto de hacerme realizar un viaje a Fontiveros, su cuna. Pero también lo señalaba como una biografía poetizada, por lo que me quedó el regusto de buscar alguna más históricamente canónica. Así llegué a otra estación que tampoco era exactamente la buscada, pero que por sus características compensaba detenerse en la misma.

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La noche enamorada es un texto de un autor, Pedro Miguel Lamet, prolífico y que aborda muy diversos géneros y formatos, lo que se traduce en el dominio de una prosa ágil, elegantemente elaborada y muy documentada, por todo ello de fácil y gratificante lectura.

En este caso la obra citada es una novela histórica referida a la biografía de San Juan de la Cruz. Podríamos decir que es más histórica que novela por cuanto la percha narrativa (así denominada por el autor) es muy liviana y un mero pretexto para asentar muy sólidamente las andanzas de San Juan así como los detalles de los diferentes medios sociales en los que transcurre su vida, y que constituye en definitiva el fuerte del libro. La historicidad y fuentes señaladas por el autor en su Apéndice al libro lo corroboran, y de ellas destaca el autor este otro librito titulado Vida de S. Juan de la Cruz, del Padre Crisógono de Jesús, de la Orden de Carmelitas Descalzos, que si pequeño en formato concentra muy acertadamente los datos objetivos conocidos con una bella prosa, ilustraciones de Francisco Zucchi, de 1748, y citas muy adecuadas.

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Para concluir, señalar que la asimetría señalada en nada menoscaba el interés y el disfrute que proporciona su lectura y los muchos motivos de reflexión que aporta.

En cuanto a complementos musicales, decir San Juan de la Cruz es decir Mompou y la Música callada que los une. La versión que más me gusta es la de Javier Perianes, que acierta perfectamente con la sensible delicadeza y hondura de ambos personajes.

En lo que a artes plásticas se refiere múltiples retratos se pueden encontrar, e incluso se puede invocar al famoso Cristo de Salvador Dalí, pero creo que nada representa mejor todo el significado y la personalidad de San Juan que ese pequeño dibujo realizado por él mismo, que aún se conserva en el convento de la Encarnación de Ávila, y que el Santo había regalado a la hermana Ana Mª de Jesús.

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Otro de los senderos veraniegos explorados fue el de los cuentos, e inexorablemente en este camino había de toparme con la magna obra de Dña. Emilia Pardo Bazán, y la inmensa fortuna de que se puede acceder a la totalidad de su excelente producción cuentista  completa en esta web.

Pero la cosa no quedó ahí. La generosa diosa Fortuna quiso que camino de esta bella ciudad de la costa levantina hiciese escala, como siempre que tengo la más mínima oportunidad, en Madrid, donde con motivo de la efeméride de su fallecimiento la Biblioteca Nacional celebra una excelente exposición que se glosa su vida, su personalidad y su obra, entre otros varios aspectos.

La citada exposición está magníficamente comisariada por Isabel Burdiel, Catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, y que en 2019 publicó una biografía sobre Pardo Bazán que al decir de la crítica es la referencia obligada para el conocimiento de nuestra autora.

Pues bien, el catálogo de tal exposición, cuya portada es la imagen que figura más arriba, está también introducido por Isabel Burdiel, y junto a otros nueve especialista en diversas facetas, nos muestra una imagen poliédrica, con muchas caras desconocidas, luces y sombras, de una autora que fue bastante ignorada. Anecdóticamente citaré que repasando los ya muy viejos libros de aquel mi lejano bachiller, en la Antología Literaria Española Contemporánea, firmada nada menos que por Lázaro Carreter y Correa Calderón en el año 1964, que comienza con Bécquer y termina con Celaya, no se la menciona.

La exposición y el catálogo citado se suman al actual interés creciente por tan interesante autora, y nos la muestran, así se menciona en más de una ocasión, como una figura poliédrica, que se mueve con gran facilidad en la dicotomía, aspecto este que la autora nunca rehuía. En este sentido Ramón Villares, de la Universidad de Santiago de Compostela, como …con evidente perspicacia…establecía claramente las fronteras entre patria y tierra…lo que la llevaba a reflexionar como debía ser tratada España y que remedios se le podían aplicar en aquellos decisivos tiempos.

Otra de sus dicotomías, en la que hubo de navegar con gran complejidad y detalle de circunstancias, fue entre razón y fe, ella que tan reiteradamente confesó su profesión de fe católica. Recuerda la actitud unamuniana, pero sin el carácter trágico de este, sino abordándolo con gran coraje, y en muchas ocasiones hasta con humor. Este aspecto, en unos tiempos de una religiosidad basada en la ortodoxia, es abordado con gran detalle, y pienso que también con gran acierto, por María Cruz Romero Mateo, de la Universidad de Valencia. También aquí se ponen de manifiesto dos conceptos que podían ser transversales en la actitud intelectual de Pardo Bazán: su modernidad y su independencia, lo que ejercitados en terreno tan delicado nos dan como resultado otro de sus valores: su valentía. Dignos de mención en este sentido sus análisis sobre el feminismo y la Iglesia, también señalados en este capítulo del catálogo.

Todo ello, no cabe duda, la hizo un personaje incómodo no solo durante su tiempo, recuérdese la gran polémica intelectual que se generó con su intento de acceso a la Real Academia, sino también tras su muerte, hasta el punto de estar oculta, como otros muchos intelectuales, por un régimen, el franquista, para quien estas ansias de cultura y libertad se hacían indigeribles. Y en el caso de Pardo Bazán con la trágica ironía de la usurpación de un lugar, las Torres de Meirás, que ella había construido como expresión y a medida de su personalidad.

Pero Pardo Bazán nunca se daba por rendida en su lucha por la modernidad, pues ella decía, como bien recuerda Isabel Burdiel, que Vivir es tener opiniones, deberes, aspiraciones, ideas. No pensar por decreto.

En definitiva, el descubrimiento de una gran exposición que quien no pueda disfrutarla in situ sí puede hacerlo a través de la página web y del catálogo reseñados.

El complemento musical de Dña. Emilia me sugiere a Stranvinsky. Espíritu libre, innovador y atrevido, en ocasiones hasta el escándalo, en constante búsqueda de la modernidad. Su disonancia polifónica, sobre todo en su Consagración de la Primavera remeda de algún modo la disonancia social en la que se movió Pardo Bazán.

En laa exposición abundan pinturas de excelente factura, y firmados por prestigiosos artistas, como La coronación de Quintana, de López Piquer, perteneciente al Prado, un retrato de Gómez de Avellaneda, de Federico de Madrazo, perteneciente al Lázaro Galdiano, o un Retrato de Amalia de la Rúa, de Joaquín Sorolla, por citar solo algunos de los muchos. Pero a mí me llamó especialmente la atención la abundante, y buena, obra de Joaquín Vaamonde Cornide, autor a quien no conocía, y del que reproduzco una semblanza recogida de internet, del que, como se ve en dicha semblanza, cuelgan dos obras en el Museo del Prado. De las varias obras a la autora dedicadas me atrajo especialmente la titulada Emilia Pardo Bazán no Ateneo de Madrid (1897) no solo por sus características pictóricas sino por el mensaje transmitido, actitud de Dña. Emilia incluida.

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Como final de este apartado, señalar que muy interesantes actos complementarios a la exposición pueden seguirse a través del canal de la Biblioteca Nacional en YouTube.

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Pero sin duda el gran descubrimiento de estos días de asueto en esta bella ciudad de la costa levantina es este de Ana María Bascary sobre la represión y la resistencia femeninas en la posguerra inmediata en Villarobledo, provincia de Albacete.

En este caso, a diferencia de los dos anteriormente reseñados, no lo será por la belleza de su prosa, pues primero no es el objetivo del libro, y segundo, el horror que tal prosa señala impide toda degustación estética.

La importancia radica en el riguroso y documentadísimo trabajo de investigación, y sobre manera en colaborar en mantener la memoria de la dignidad y el sacrificio de unas personas tan injusta y vilmente tratadas. Decía no sé quien que los humanos no nos morimos mientras no dejemos de estar en la memoria de nuestros seres queridos, y por ello la ovetense Julia Conesa suplicaba …que mi nombre no se borre en la historia…

No se trata de reabrir heridas ya cicatrizadas ni de atizar estériles odios, se trata, como decía D. Gregorio Marañón con otro motivo, de demostrar que la dignidad humana existe, y de hacer justicia a esa dignidad. Tapar la historia con …la pesada losa del silencio…solo conduce a la demencia social.

Obviamente como complemento pictórico cuando se trata de explicitar los horrores de las guerras la referencia inexcusable es Goya (aunque por desgracia no faltarían otras muchas alternativas). Y en este caso escojo su serie de grabados Desastres de la guerra.

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En cuanto a música, muchos fueron también los  que tuvieron que sufrir las represalias del franquismo (Rosa García Ascot, Ernesto Halftter, Rodolfo Halffter, Julián Bautista, Salvador Bacarisse, Gustavo Pittaluga, Fernando Remacha y Juan José Mantecón, los integrantes del Grupo de los Ocho, por citar algunos), que como con tantos otros artistas el régimen se ocupó de que fueran ignorados en nuestro país, a pesar de que estaban recibiendo el reconocimiento en el resto del mundo. En esta ocasión escogemos a Roberto Gerhard , y en concreto su cantata La peste , por su paralelismo con la situación descrita en el libro.

Y, en fin, en esta injustificada manía de reivindicar el desorden, incluso en la lectura, en la que uno anda de flor en flor, siempre se tiene un fondo de armario al que se vuelve para deleite de su lectura, como  ha de hacerse con los clásicos. En este sentido, en la actualidad tengo Los Episodios Nacionales, de D. Benito Pérez Galdós, y El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Sin palabras.

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viernes, 23 de julio de 2021

Blancanieves

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I

La vida de Cenicienta era triste y monótona, pero eso mismo que podría parecer muy negativo a ella le proporcionaba si no autoestima, sí seguridad. Por otra parte, a pesar de lo anterior, Cenicienta tenía un carácter dulce y un gran sentido de la empatía, que trasmitía con facilidad.

Desde que sus padres le habían sido arrebatados en aquel odioso accidente en que un camión cuyo conductor estaba bajo los efectos de estupefacientes arrolló su automóvil, cada día los añoraba más. De hecho no pasaban muchos días sin que fuera a visitar su sepultura, y allí, al pie de aquel fresno que le daba sombra, abría su alma y vertía sus confidencias con la seguridad de que su madre la escuchaba, esperando encontrar sus consejos en el fondo de su corazón. Mucho añoraba su ternura, y la rectitud y el cariño de su padre.

Tras su orfandad, todavía niña fue acogida por una tía paterna, viuda y con dos hijas. Su tía no se parecía en nada a su padre. De carácter hosco, era muy envidiosa, siempre estaba amargada y enfadada contra el mundo, y procuraba encargarle las tareas más ingratas de la casa. Sus primas, orgullosas y engreídas parecían creerse sendas reencarnaciones de la reina de Saba, y la ignoraban totalmente, sin hacer el más mínimo esfuerzo por integrarla en su mundo infantil, lo que de alguna manera hubiera suavizado su dolor.

Así que Cenicienta se encerraba en si misma y sus estudios. Sin amigas verdaderas, y tratándose solo muy superficialmente con alguna compañera de estudios, no tenía ninguna vida social. Eso unido a su inteligencia natural facilitaba que avanzase en sus estudios con brillantez y excelentes calificaciones, lo que alimentaba aún más la sorda inquina de su tía y sus primas.

Cuando alcanzó la mayoría de edad y pudo tomar sus propias decisiones, gracias a su tierno carácter y su excelente curriculum académico no le fue difícil encontrar un trabajo de becaria en una importante, si no la más, editorial de la capital. Además, como no tenía ningún tipo de vida social y los estudios los llevaba con mucha facilidad, lo que le significaba tener mucho tiempo libre, se buscó para los fines de semana y festivos un trabajo de camarera en una conocida cadena de comida rápida.

Todo ello le permitió adquirir una mínima autosuficiencia económica, y poder abandonar el aquelarre en el que estuvo aprisionada durante estos últimos años. Alquiló un minúsculo estudio en las afueras de la ciudad y pudo acceder a una vida que además de libertad le proporcionaba tranquilidad. ¡Casi nada!. Por si fuera poco, los habituales y largos desplazamientos en el transporte público, añadido a los conocimientos colaterales que iba adquiriendo en su trabajo en la editorial, le permitían ir adentrándose en el maravilloso mundo de la literatura.

El trabajo era rutinario, pero a ella le parecía apasionante por el ambiente y los personajes entre los que se movía. Había ingresado como becaria y asignada al departamento de distribución, quizá el menos artístico de la casa. Su trabajo consistía en controlar que los distintos pedidos eran enviados en la fecha contratada y después que eran recibidos adecuadamente y de todo ello llevar unos rutinarios registros. Más por otra parte dado su carácter empático y servicial sus compañeros le pedían constantes favores que ella satisfacía con alegría y presteza, e incluso la utilizaban para tapar o justificar pequeños errores del día a día, lo que le iba granjeando la simpatía de todos.

Cenicienta estaba contenta. Al haberse librado del ambiente opresor en que había vivido era como si le hubiesen quitado una enorme losa de encima de su ánimo, y se tornaba cada día más alegre. Continuaba yendo a visitar la sepultura de sus padres y contándoles sus sentimientos con la seguridad de que ellos la escuchaban y ahora se alegraban de su nueva disposición de ánimo.

Todo ello hacía que su carácter y el trato con sus compañeros fuese cada vez más abierto, especialmente con Paloma, la secretaria de dirección de libros artísticos, el departamento de élite y más admirado de la casa.

Paloma era todo lo contrario a Cenicienta. Proveniente de una familia acomodada y con muy buenas relaciones había estudiado lo justo para obtener, eso sí, una brillante licenciatura en artes, y posteriormente, gracias a las influencias de la familia, su actual puesto de trabajo, envidia de toda la plantilla de la editorial.

De carácter extrovertido y jovial, era de natural agraciada y elegante, además de ser muy cuidadosa con su aspecto físico. Conocía a todo el mundo y sus historias, y mantenía una dilatada y muy activa agenda social.

Inteligente y de fondo bondadoso había sabido adivinar las virtudes de Cenicienta, y enternecida por su innata tristeza se había acercado a ella intentando animarla y ayudarla en su vida laboral. Así que pronto trabaron una sincera amistad que les llevaba a compartir sentimientos y confidencias y en la que Paloma trataba de alegrar a Cenicienta convencerla para que se incorporase a una vida social más activa, algo que la timidez de Cenicienta rechazaba. Estaba, eso sí, muy contenta de compartir a menudo con Paloma la hora de las comidas del mediodía, en las que tenían alegres charlas y con las que ambas intimaban cada vez más, pero cuando Paloma le proponía algún plan para después del trabajo Cenicienta educadamente lo rechazaba, y todo más aceptaba compartir un café de media tarde antes de volver a su pequeño apartamento y a sus estudios.

 

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II

Llegó el verano y con él se aproximaba un acontecimiento especialmente esperado por el personal de la editorial. Todos los años D. Juan, su dueño  y del amplio conglomerado de empresas que giraban alrededor de ella, gustaba de celebrar su onomástica organizando una gran fiesta en el amplio castillo medieval de su propiedad, sito en una villa próxima a la ciudad.

El lugar era de ensueño. El castillo, que databa del siglo XV,  había sido restaurado hasta en sus más mínimos detalles conservando todo su esplendor original, y al propio tiempo dotándolo de todas las medidas de confort actuales, sin tener nada que envidiar al más lujoso establecimiento hotelero.

A su vez estaba rodeado por una generosísima extensión de terreno donde abundaban paseos bajo frondosas arboledas, amplios jardines con abundante dotación floral y hasta de un riachuelo que se remansaba formando un lago que proporcionaba un espacio pleno de serenidad y paz. Diversas especies de pájaro, sin que faltasen las cigüeñas, tenían allí sus nidos y amenizaban el ambiente con las música de sus trinos. Liebres y hasta algún ciervo sorprendían al visitante con sus cercanas carreras. Todo ello ponía de manifiesto la buena conservación natural del entorno.

El castillo, además, en todos los eventos que las empresas de D. Juan en él celebraban, estaba atendido por una de ellas, a la sazón la más prestigiosa en restauración gastronómica de la ciudad.

A la fiesta eran invitados no solo todos los componentes de la empresa con sus parejas, sino también los autores que componían la nómina de las publicaciones de la editorial, así como otros muchos a los que se quería agasajar y captar, junto con gentes del mundo de la crítica y el periodismo. Todo el que era alguien en el ámbito de las letras recibía su invitación. También en ocasiones acudían figuras de otras artes, como las plásticas, la música o la danza. Todos tenían cabida en las muy numerosas estancias del castillo y los diversos establecimientos adyacentes que componían la propiedad. El festejo duraba hasta el día siguiente, y en ocasiones se prolongaba hasta un tercer día si los invitados se animaban a continuar.

En definitiva, era el evento social de la temporada, y con el que no solo se rendía homenaje de respeto y agradecimiento a D. Juan, sino que se inauguraba la estación del verano, con lo que de vacación y descanso conlleva. Además en esta ocasión se añadía una circunstancia más, de gran significado para D. Juan y la empresa. Ciro, hijo único de este y por tanto destinado a ser el heredero universal del gran imperio editorial, regresaba de Estados Unidos tras tres años de intensa formación en importantes universidades en el ámbito de la literatura y los negocios editoriales. Se incorporaría a la empresa en la temporada siguiente. Y aunque su padre quería que lo hiciese sin privilegios, desde puestos inferiores y a poder ser pasando de incógnito, era evidente que más temprano que tarde llegaría a los más altos puestos de dirección.

Siempre que llegaban estas fechas Paloma estaba cada día más emocionada pues sabía que era una jornada muy divertida de la que podría disfrutar no solo con sus compañeros de trabajo sino con muchos y muy interesantes personajes, bastantes de ellos ya conocidos por sus relaciones familiares. En esta ocasión, además, quería transmitirle toda su emoción a su amiga Cenicienta, y conseguir que al fin venciese su timidez y se introdujese en el mundo de las relaciones sociales.

Sin embargo Cenicienta, aunque le agradecía a su amiga el interés que ponía en ella y no quería desairarla, no estaba muy segura, e incluso pensaba en buscar una excusa educada para no acudir, segura además que dada su insignificancia nadie se percataría de su ausencia ni la echaría de menos. No sabía como desenvolverse en ambientes como el que allí se formaría, y además tampoco tenía ni el vestuario ni los complementos apropiados a la ocasión.

-Ni lo sueñes -exclamó Paloma, fingiendo indignación -para eso estoy yo aquí. Seré tu personal shopper y este fin de semana dejamos zanjado el tema del vestuario, los complementos, el maquillaje y la peluquería. Y esto no es negociable. Pues faltaría más!

 

 

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III

 

Y llegó el gran día de la fiesta.

El castillo y todos sus alrededores estaban envueltos en un atardecer transparente en el que los colores de la puesta del sol parecían ir armonizándose con la iluminación de los jardines hasta componer una sinfonía de  tonalidades suaves y sugerentes que invitaban al disfrute de la relajación y la comunicación entre los invitados. Al fondo una orquesta de cuerda contribuía a completar el ambiente con una música suave y tan acariciadora como la brisa que, sin molestar, aliviaba los rigores de la temperatura ya veraniega.

Mientras los invitados iban llegando una legión de camareros distribuían exquisitas creaciones gastronómicas y estimulantes bebidas.

En un determinado momento, ni demasiado pronto ni demasiado tarde para no llamar la atención pero tampoco  desairar la etiqueta, llegaron Paloma y Cenicienta a bordo del deportivo automóvil de la primera. Ambas eran personas discretas y además eran conscientes que entre los asistentes figuraban personajes de la vida social de mayor repercusión mediática. Pero no lo consiguieron. Estaban bellísimas. Esbeltas, irradiaban juventud y elegancia, con sendos trajes de noche de exquisito diseño, sin ser ni extravagantes ni provocativos.

Pronto comenzaron a formarse corrillos de conversación entre los que Paloma, conocedora prácticamente de todos los invitados, se movía como pez en el agua e iba haciendo las presentaciones de Cenicienta. Las damas asistentes, siempre muy observadoras para estos menesteres, fueron pródigas en alabarles la elegancia de sus atuendos, destacando no solo los vestidos sino la perfecta conjunción con los complementos, y muy especialmente los zapatos.

A medida que transcurría la noche Cenicienta empezaba a sentirse relajada y contenta, satisfecha por haber cedido a los consejos de su amiga Paloma, que ni un solo momento dejo de estar pendiente de ella. Pero también comenzó a moverse entre los distintos corrillos al ir conociendo a las personas y también porque acudían a ella, demandando su conversación, que se iba volviendo más fluida, impresionando a todos por su discreción, sentido y amplia cultura.

Evidentemente entre los jóvenes se establecía una especial afinidad, por lo que en un momento dado coincidieron en el mismo grupo Cenicienta y Ciro. Este quedó sorprendido con el conocimiento que ella tenía de la sociedad y modo de vida norteamericanos, y mucho más cuando a su requerimiento le confesó que nunca había visitado tal país, pero que uno de sus campos de interés era la geografía social. Y lo mismo sucedía con sus manifestaciones artísticas.

La conexión que se estableció entre ambos no podía pasar desapercibida para una persona muy observadora como D. Juan, máxime cuando este se percató de que, él que se preciaba de conocer prácticamente a toda su plantilla, en este caso no sabía nada de ella. Por ello, como también había observado la especial relación que Paloma mostraba con ella, hizo un aparte discreto, y le preguntó:

-Paloma, dime quien es esa chica con la que tanto habla mi hijo, y que yo no conozco?

-Tiene buen ojo, D.Juan -contestó Paloma, que sabía que podía tener ciertas confianzas con su jefe -es uno de los diamantes de su plantilla. Pero ciertamente es posible que no la conozca porque lleva muy poco tiempo en la empresa. Además es muy discreta y le gusta pasar desapercibida. Es la nueva becaría del departamento de distribución. Pero es persona de grandes capacidades. Y en cuanto a su hijo -continuó Paloma, mientras le guiñaba un ojo humorísticamente -no se preocupe. Cenicienta, que así se llama, es extremadamente recta y honrada.

-Cenicienta, curioso nombre -replicó D. Juan -Paloma, tú que tienes gran tacto podrías presentármela discretamente?

-Por supuesto, D.Juan. Buscaré el momento oportuno, no se preocupe. 

Y dicho y hecho. Paloma se acercó a Cenicienta y, so pretexto de dar un paseo y charlar un rato, maniobró para introducirse en el campo visual de D. Juan a una distancia acorde con las normas de la cortesía.

-Qué tal lo estás pasando, Ceni? -así la llamaba siempre coloquialmente Paloma, a tiempo que le regalaba una sincera sonrisa -estás a gusto?

-Sinceramente sí, Paloma, y te agradezco mucho que me hayas animado a venir -le contestó Cenicienta -es estupendo encontrar y charlas con tan interesantes y cordiales personajes.

-Ves?, te lo decía, estaba segura que ibas a disfrutar.

En ese momento oyeron la voz de D. Juan:

-Paloma, por favor, podéis acercaros?

-Por supuesto, D. Juan. Muy buenas noches y felicidades, por su onomástica, y como siempre por el acierto de esta maravillosa fiesta.

-Muchas gracias, Paloma. Tú siempre tan encantadora y atinada. Y ahora, querrías presentarme a tu amiga, que se está convirtiendo en la estrella de la noche?

-Faltaría más, D. Juan. Cenicienta, Ceni para mí, es, a parte de una de las más eficaces trabajadoras de la empresa, una de mis mejores y más admiradas amigas por su estupendo carácter y por sus amplísimos conocimientos. Becaria en el departamento de distribución y con una doble licenciatura en Bellas Artes y en Sociología. 

Y dirigiéndose a Cenicienta continuó:

-A D. Juan no necesito presentártelo, verdad?. Eso sí, y él sabe que lo digo con toda sinceridad, D. Juan es un gran jefe, y persona en quien siempre podemos confiar.

-Bueno, Paloma, todos sabemos de tu buena educación, y también sabemos de tu sinceridad, por lo que te agradezco tus palabras.

Y continuó:

-Y tú, Cenicienta, y te tuteo si me lo permites, no por establecer rangos, si no por la edad, me permites también que te llame Ceni, por la confianza que ambos tenemos en nuestra común amiga Paloma?

-Por supuesto, D. Juan, y es un honor conocerlo, y sus palabras. Y aprovecho también por felicitarlos por los motivos que expresó Paloma, y agradecerle la invitación a esta magnífica fiesta -expresó Cenicienta.

 

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IV

 

Al día siguiente Cenicienta despertó temprano. Tras asearse y recoger su equipaje, escribió una nota de despedida para Paloma que le introdujo por debajo de la puerta de su habitación, pues no quería ni despertarla ni incomodar su intimidad.

Bajó al comedor para el desayuno, estaba recién abierto y aún vacío. Se sirvió un abundante plato de fruta variada y una taza de humeante y oloroso café, y se sentó en una de las mesas de la terraza, dispuesta a disfrutar de las vistas del amplio jardín, y del silencio solo roto por los cantos de los pájaros. Con el amanecer aún reciente, el aire limpio transmitía fragancias de las flores. Se regocijó con ambiente y los agradables recuerdos de la fiesta.

Había pasado no muchos minutos ensimismada en este ambiente cuando apareció Ciro:

-Buenos días, Ceni. Parece que somos los únicos que madrugamos. Puedo sentarme en tu mesa?

-Por supuesto -contestó ella -y esa forma de madrugar?. Costumbres americanas o de natural en tí?

-Un poco de todo. Me gusta aprovechar el tiempo, y parece que por las mañanas estira un poco más. Quiero acercarme hasta  la biblioteca de la universidad a recoger bibliografía, a ver si por fin acabo mi trabajo de tesis. Y tú?

-Un poco lo mismo. Me gusta adelantar los temas de estudio los fines de semana, así durante la semana estoy menos estrenada con el trabajo. Además en la cafetería  del trabajo complementario tengo turno de tarde. 

-Vaya, eres admirable. Qué ritmo de vida! -exclamó Ciro.

-Bueno, supongo que parecido al tuyo, verdad? -replicó Cenicienta.

-Pues la verdad es que sí. En fin, son los tiempos que nos toca vivir. Bueno, como yo también me voy, si quieres te acerco, sin prisas, que yo tampoco la tengo.

-Pues te lo agradezco, Ciro. Iba a pedir un taxi pero casi mejor acepto tu invitación. Por mí parte, nos podemos ir cuando tu quieras. Ya tengo mi maleta hecha.

Durante el viaje continuaron una animada conversación, compartiendo opiniones e intereses cada vez más coincidentes. Al llegar al portal de Cenicienta se despidieron amigablemente sabiendo que habían encontrado una sincera y alegre amistad.

 

…y colorín colorado…  

…vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza, y el señor cura a sus misas….  (Fiesta.- J.M. Serrat, 1969)

 

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sábado, 17 de julio de 2021

Madrid: Vivian Suter

Madrid ha tenido la suerte de heredar la capitalidad de uno de los mayores imperios que en la historia han sido. Quizá por ello, quizá por otras varias razones el caso es que es una ciudad dinámica y vital desde mucho antes incluso de la aparición de payasadas oficiales. Gran número de visitantes de muchos países acuden atraídos por ese dinamismo. Esto hace que también se refleje en su vida cultural.

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En dicho ámbito, y en lo que a la plástica se refiere convendremos que hoy en día es difícil encontrar algo que nos sorprenda o que pueda considerarse original. Pues bien, lo hemos encontrado en Madrid, y más concretamente en la exposición de la obra de Vivían Suter, organizada por el Museo Reina Sofía en su espacio del bello Palacio de Velázquez del Retiro.

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Vivían Suter es una artista nacida en Buenos Aires en 1949, pero considerada de origen suizo por haber desarrollado su trayectoria en Basilea, para establecer posteriormente su residencia en plena selva guatemalteca, lo que ha tenido una profunda influencia en las características de su obra, al punto que tras pasar una serie de tormentas tropicales que llegaron a trastocar muchos de sus lienzos, llega a considerar a la naturaleza como coautora de su obra.

Y a partir de aquí comienza la originalidad citada del hecho expositivo. Los telas, la mayoría de gran y muy gran formato, conservando cada una su autonomía cuelgan sin bastidor ninguno, conformando una gran selva por la que el visitante puede pasear entre ellas, con una relación con el espacio arquitectónico que hace de continente, pero remitiendo indudablemente al entorno en que fueron creadas.

Las muy variadas formas abstractas y la amplísima gama cromática, casi siempre muy luminosa, conforman un todo armonioso y alegre. En definitiva, bello y en el que se percibe un gran trabajo de experimentación, incluido también el ámbito textural.

En definitiva, una experiencia sensorial que no se debe obviar, y que haciéndolo con mente amplia y sin prejuicios nos regalará un gran goce estético y la satisfacción de la originalidad.

Y si quiere finalizar todo ello con un regalo de la vida, tómese un bocadillo de calamares y una caña muy fría a la sombra de uno de los varios chiringuitos (de los de verdad, no los funestos de los que cada día nos enteramos) al borde del Estanque Grande del Retiro y agradézcaselo al destino.

Después, actúe en consecuencia.

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