lunes, 10 de julio de 2023

DÑA. REALIDAD

I

Dña. Realidad era lo que podríamos denominar una dama elegante. 

Su perfil, cuello y espalda rectos y hombros erguidos expresaban determinación a la par que serenidad contenida. Todo ello se complementaba con un andar sereno e irrenunciablemente constante y, como ella reivindicaba, siempre con los pies en la tierra. 

Su indumentaria, como no podía ser de otra manera, era discreta tanto en formas como en colores, casi siempre en tonalidades grises y con una cierta tendencia a la repetición. Salvo en muy obligadas e inevitables ocasiones huía de afeites y adornos.

Es cierto que en ocasiones había pensado que le gustaría vestir alguna vez colores más vivos y alegres y utilizar algún complemento distinguido en forma de collar, colgante, pendientes o sortijas, pero no es menos cierto que los humanos le ofrecían pocas ocasiones para tales desahogos, por lo que con facilidad los desechaba y volvía a sus rutinas habituales. 

En consonancia con todo lo anterior su carácter tendía a alejarse de las efusiones de alegría. Era seria, en ocasiones en demasía, al punto que a veces era mal comprendida e incluso tildada de injusta. Sin embargo, su carácter, en general monótono, tendía a ser de natural pacifico, aunque en ocasiones, y sin ninguna causa justificada, le surgía de su interior una rabia inevitable que la llevaba a ser violenta con los humanos, sobre todo con los más débiles e indefensos, y esto le conducía a sentir gran desazón y arrepentimiento.  

Aunque también, a fuer de ser ecuánimes, algún humano, eso sí, minoritario, se dejaba llevar por un atávico impulso de conocerla algo mejor lo que le proporcionaba una más o menos breve alegría que ella devolvía con un beneficio para el resto. 

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II 

Como cada mañana Dña. Realidad se miró en su gran espejo de cuerpo entero para comprobar que todo en su figura e indumentaria estaba como tenía que estar. Era entonces cuando se hacía la pregunta que tanta curiosidad, que no desazón, le causaba: 

– ¿Qué pensarán los humanos de mí? 

Parecía un día agradable, se veía que la primavera se estaba consolidando. Un sol límpido iluminaba el paisaje dando un mayor brillo a los colores al tiempo que una muy tenue brisa evitaba que el incipiente calor molestase. 

-El día perfecto para dar un sosegado paseo, observar a las personas y tratar de conocer sus opiniones – pensó para si Dña. Realidad. 

Dicho y hecho. En poco tiempo, sin apenas darse cuenta, sus pasos la habían conducido hasta la plazuela de Santa Inés. De forma rectangular y acceso exclusivamente peatonal su suelo empedrado estaba rodeada de casitas de poca altura. En el centro una fuente ponía el agradable murmullo del agua que armonizaba perfectamente con las lejanas campanadas de alguna iglesia vecina. Naranjos, fresnos, aligustres y tamarices daban sombra dejando que sus hojas se meciesen por la suave brisa. Todo allí fomentaba el sosiego. 

Dña. Realidad se percató de que en uno de los extremos de aquel paraíso en miniatura había una pequeña terracita con tres mesas, en una de las cuales estaban sentados a su vez tres caballeros que, por las consumiciones que figuraban sobre su mesa, llevaban allí un buen rato, y por el tono de voz y ritmo de su conversación, que parecía concertar con el general sosiego de la plaza, estaban disfrutando de una jovial conversación. Era, pues, el escenario ideal para el propósito con el que había salido de su casa, así que decidió sentarse discretamente en la mesa más alejada, pero dispuesta a estar atenta a la conversación. 

-Querido amigo, me alegro mucho de que llevado por su juventud sea usted optimista, apasionado y hasta utópico -comentó el caballero de aspecto mayor, que vestía un atuendo clásico y muy formal.  

Y continuó:  

-Pero le aseguro, desde la experiencia de mi mucha edad, por tanto de mucha vida vivida, y estoy seguro de que cuando usted llegue a mis años también lo verá así, es necesario, incluso diría que imprescindible, ser realista, muy realista, y tener los pies bien fijados en la tierra. 

-Sin duda que su experiencia es muy válida, Don Salvador, y bien sabe que siempre la respeto y casi siempre la comparto. Pero, dígame, ¿cómo ser realista? ¿Qué es la realidad? -aseveró el aparentemente más joven, que a su vez llevaba un atuendo más deportivo y desenfadado, pero en nada extravagante.  

-Pues eso es muy fácil, querido Sergio -continuó D. Salvador- porque la realidad la tenemos delante de nosotros, y es todo aquello que podemos captar con nuestros sentidos. 

En ese momento apareció un camarero del interior del bar y dirigiéndose a la mesa de los tres contertulios preguntó: 

– ¿Van a querer algo más? 

– Por supuesto, amigo Manuel -afirmó D. Salvador- pónganos por favor otros tres rebujitos, y si es tan amable pregúntele a la dama si aceptaría nuestra invitación a uno para ella también, u otra cosa si la desease. 

-Perfecto, D. Salvador -contestó el camarero. Y dirigiéndose a Dña. Realidad le transmitió el mensaje. Esta hizo una discreta inclinación de cabeza dando a entender que aceptaba y agradecía la invitación. 

Al poco volvió a salir el camarero con las cuatro consumiciones. En primer lugar, sirvió la de la dama en su mesa, y posteriormente a los tres contertulios en la suya. A continuación Dña. Realidad alzó discretamente la copa en dirección a ellos a modo de brindis y la llevó a los labios con un breve sorbo. Los caballeros respondieron al unísono con similar gesto. 

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A continuación D. Salvador se levantó de su mesa y se dirigió a la de Dña. Realidad: 

– Buenas tardes, señora, perdone mi atrevimiento. Mi nombre es Salvador de Hurtado de Mendoza, y nada más lejos de mi intención que incomodarla. Si así fuera, hágamelo saber. Lo único que pretendo es invitarla a unirse a nuestra tertulia y participar de nuestra amigable conversación. 

Dña. Realidad comprendió la oportunidad de ver colmado el objetivo con que había salido de su casa esa mañana. 

– Muchas gracias, D. Salvador. Como usted comprenderá por la cercanía de nuestras mesas y por el relajante silencio del que se disfruta en esta acogedora plaza, no he podido evitar escuchar dicha conversación de ustedes, y a fe mía que están abordando un tema de gran interés. Además, he de manifestarle que mi nombre es Realidad Ruisánchez Lagranda, así que por todo ello acepto encantada el honor que me dispensan y me uno con gusto a su tertulia. 

Ante estas palabras el trio de caballeros no pudo evitar su sorpresa por la coincidencia y por ser ese nombre poco habitual. Hechas el resto de preceptivas presentaciones, tomaron asiento los cuatro y continuaron con su conversación. 

Esta vez fue Sergio quien tomó la palabra: 

– Es muy aceptable su punto de vista, D. Salvador, pero no podemos olvidar que ya los filósofos griegos volcaron todo su esfuerzo en este conocimiento de toda la realidad haciéndose las más densas preguntas sobre ellas sin que pudieran darles respuesta. Es más, en los tiempos actuales seguimos considerando nuestras aquellas preguntas que aún continúan sin respuesta. Y respecto a nuestros sentidos recuerde usted a Platón y su conocido mito de la caverna. 

– Querido Sergio, me congratula sobremanera que usted invoque las humanidades, tan preteridas hoy en día, y la sabiduría de aquellos colosos de la búsqueda conocimeinto, pero no puedo menos que recordarle que en estos dos mil y muchos años, y sin duda iluminados por las orientaciones de ellos, la ciencia ha evolucionado espectacularmente, mostrándonos evidencias incuestionables.  

– D. Salvador, no quisiera convertir esta enriquecedora tertulia en un debate personal entre usted, a quien sabe que respeto y admiro, y yo, y mucho menos quisiera negar  la ciencia, pero, y con esto acabo, no puedo dejar de decir que, y estoy seguro que esto lo compartimos todos, hay factores ambientales, culturales, sociales o como los queramos denominar, y pongo por ejemplo al lenguaje, que moldean de alguna manera nuestro pensamiento, y por ende crean la realidad, y hacen que esta sea cuestión de perspectiva más que algo universal, y por ello no podemos tener acceso a la realidad, a la forma en que son las cosas, sino solamente a lo que nos parece a nosotros. 

– Querido Sergio, agradezco su buena cortesía y le aseguro que nunca esta tertulia será un debate personal, sino una charla enriquecedora entre amigos de la que siempre saldremos un poco más sabios de lo que entramos. Pero, bueno, sí que está en lo cierto, no sería correcto acaparar el uso de la palabra, máxime teniendo entre nosotros a un reconocido científico como D. Eduardo que evidentemente puede aclararnos el papel de su disciplina respecto al tema que nos ocupa. ¿Qué opina usted al respecto, buen amigo? ¿Qué aporta la ciencia al conocimiento de la realidad?  

D. Gerardo era un caballero que frisaba los sesenta, de indumentaria convencional, aunque con un toque deportivo, de gestos contenidos y reposado en el hablar, y así dijo: 

-Queridos amigos, el tema que tenemos planteado es sumamente poliédrico. Ustedes dos, desde sus ángulos de visión aportan argumentos muy atinados, pero también pueden ser contempladas otras muchas facetas. Evidentemente la ciencia tiene por objetivo último el conocimiento de los hechos, y para ello emplea un método que se fundamenta en la observación, la medición y la verificación tratando de evitar la subjetividad de los investigadores. 

<< Más cuando la ciencia es honesta, que de todo hay en la viña del señor, aprende de su historia que resultados que hoy se consideran evidencias incontrovertibles mañana, a la vista de nuevos conocimientos, se tornan insuficientes, e incluso equivocados. 

<<¿Quién nos iba a decir que algo tan aparentemente evidente como la física newtoniana, con su aplastante teoría de la gravedad, sería cuestionada un día, y de este enfrentamiento nacerían nuevos conocimientos? ¿O hemos de decir mejor nuevas preguntas? 

<<Seamos, pues, humildes y admitamos nuestras limitaciones y subiéndonos a hombros de los gigantes que nos precedieron continuemos nuestra búsqueda de esas evidencias pensando que quizás sea cierto que Ítaca está más en el viaje que en la llegada. 

<<Admirable reflexión -manifestó D. Salvador-, y quizás la única luz que nos guie en este entuerto sea la que aporte nuestra gentil acompañante, pues ella sí que es una realidad real. ¿Qué opina usted, señora? 

– Pues en primer lugar he de agradecerles muy vivamente su invitación a esta reunión en la que tanto he aprendido, y en segundo lugar manifestarles que si no es un abuso por mi parte me gustaría seguir participando en ella. En cuanto a lo anecdótico de que el objetivo de sus disquisiciones coincida con mi nombre, lamentablemente he de decirles que poco puedo aportar al tema. Soy una persona que por mis ya muchos años con frecuencia se me confunden las ideas, y la coincidencia de mi nombre se debe a una extraña fijación de mi pobre padre, persona buena donde las haya habido, pero a quien Dios tenga en su gloria y perdone por tamaña ocurrencia. 

<<Dicho esto, solo se me ocurre manifestar que quizás acabe teniendo razón aquel ripioso gobernador civil de Alicante que aseguraba que todo es según el color de la mirada. 

Y así siguió transcurriendo la mañana mientras nuestros personajes disfrutaban de la serenidad  del entorno y de la placidez de una sutil conversación. 

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sábado, 8 de julio de 2023

Ex Libris (X): La última guerra del Rey de Israel.

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En este precioso libro el autor, excelente neurólogo donde los haya, utiliza como pre-texto la enfermedad y muerte del presidente de Israel Ariel Sharon para exponer sus reflexiones a cerca de los orígenes y evolución de dicha enfermedad al tiempo que comparte con el lector las inquietudes que el ejercicio de su profesión, la Medicina, conlleva.

Y lo hace no solo abordando todas las dificultades técnicas que los accidentes cerebro-vasculares comportan, sino también los aspectos humanos y éticos que en tales situaciones están en juego.

Es, así mismo, sumamente interesante su aproximación al amplio y difícil territorio de la  incertidumbre, concepto este que nuestro actual estilo de vida quisiera ver desaparecer pero que persiste inexorable formando parte indisoluble de la existencia humana, y que conforma el escenario en el que, a pesar de todos los aparentes (y evidentes) avances técnicos, la medicina asistencial tiene que desarrollarse de forma cotidiana.

En todo este retablo de aspectos técnicos, humanos y éticos el autor se desvela como un excelente narrador y los desarrolla con un estilo elegante a la par que ágil, ameno, de fácil lectura y comprensible para todo tipo de lector, incluso para los que estén alejados de conocimientos de la medicina. Para ello es decisiva otra de las facetas en la que Sergio Calleja está volcado con pasión y generosidad, la de divulgador firmemente convencido de que el conocimiento y la ciencia son caminos muy principales para que nuestra comunidad humana progrese.

Por último, pero no menos importante, incluso quizás de lo más, el Dr. Calleja también pone de manifiesto de forma transversal en toda la obra la decisiva influencia de los factores sociales en el ámbito de la salud y la enfermedad.

Por todo lo anterior recomiendo esta obra como de obligada lectura a mis amigos que estén interesados por la buena literatura, por la literatura que trasciende a la mera anécdota y que nos estimula a pensar sobre aspectos importantes de nuestro devenir y el de nuestra comunidad.

Por último creo de justicia destacar también el excelente trabajo de edición realizado por Krk Ediciones, como es habitual en esta editorial.

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jueves, 22 de junio de 2023

LÉXICO FAMILIAR

A Mamarina, in memoriam

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Se dice que en el principio fue la palabra. ¿O fue el sonido? ¡Qué más da! El caso es que cuando ello se articuló en significados debería habernos servido para comunicarnos, para entendernos, para expresar nuestros sentimientos, ampliar nuestro conocimiento y compartirlo con los demás.

Desgraciadamente no solo no fue así, sino que pasado poco tiempo y desarrollado el egoísmo humano y su desmedida ansia de poder el lenguaje también fue utilizado para la agresión, el engaño y la dominación. Pero esa es otra historia, larga y triste. Aunque no debe ser olvidada porque la pérdida de la memoria es la base de la demencia.

Pasando a otro asunto, también se dice que la verdadera patria del ser humano es su infancia. Y al respecto tampoco se debe olvidar que hay patrias acogedoras donde en sus campos mana la leche y la miel y patrias crueles donde el hombre es un lobo para el hombre.

Más el ser humano tenemos una atávica necesidad de esperanza. Así, incluso en los más crueles escenarios bélicos o de marginación podemos en ocasiones ver a niños jugando e incluso esbozando una más o menos triste sonrisa.

Y también tenemos la necesidad de pertenencia.

Pues bien, ambas necesidades las utilizamos para crear, o creer que creamos, un espacio de afectos en el que sentimos una cierta seguridad.

Unas poderosas guías para movernos en ese espacio son señales o códigos que solo conocen sus habitantes. Esas señales o códigos constituyen el léxico familiar cuando ese espacio que se convierte en patria acogedora es la familia. Son palabras o frases más o menos infrecuentes, incluso en ocasiones erróneas o sin mucho sentido pero que son capaces de despertar en nosotros memorias y, a partir de ellas, sentimientos que solo podemos conocer y compartir los habitantes de esa patria.

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miércoles, 24 de mayo de 2023

PARVULARIO (III): AMISTAD.


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A Ana B.


Si mis queridos lectores tienen la paciencia de continuar leyendo mis ejercicio en el Taller de Escritura, aquí les muestro el último.

En esta ocasión nuestra entrañable profesora nos pidió que, escogiendo como base una de las palabras del diccionario particular comentado en el primer ejercicio, escribiésemos un pequeño relato.

Yo escogí la palabra «amistad» y a continuación expongo dicho relato:

Cada vez que Alberto tenía que pasar por aquel barrio o sus inmediaciones indefectiblemente se acercaba al pequeño y entrañable café. Incluso en muchas ocasiones lo hacía sin causa ni pretexto algunos.

Nada más verlo entrar, el camarero, sin preguntarle siquiera, le servía siempre en aquella misma mesa su habitual café solo, corto y concentrado, acompañado de un vaso de agua sin hielo.

Alberto le daba las gracias con el mayor afecto y se ensimismaba en sus pensamientos, también siempre los mismos.

-¡Qué de vueltas da la vida, y como influyen las casualidades! -se decía. y a continuación gustaba de rememorar aquel ya lejano anochecer de noviembre.

Sonaban las ocho en las campanas del Ayuntamiento mientras que la noche ya se había recostado sobre la ciudad. Las luces de los escaparates se iban apagando, las calles se iban quedando vacías y silenciosas y una pertinaz brisecilla iba enfriando aún más el triste entorno.

Alberto, como cada día, había abandonado muy de mañana su inhóspita pensión, había paseado, paseado y paseado sin ningún rumbo fijo. Y tras releer en el centro social municipal una prensa que por cierto no le interesaba en absoluto, se refugió en el comedor social donde, gracias a las monjas, al menos podía mantener una alimentación elemental, pero suficiente y saludable.

Y después, vuelta a pasear hasta que, también como cada día, abrieran las puertas para la jornada de tarde en el museo provincial. Prácticamente se lo sabía de memoria, e incluso, llevado por su curiosidad, comenzaba a pergeñar una cierta culturilla plástica con la que según su estado de ánimo, malo o peor, prefería revisitar unas escuelas y unos estilos u otros. Lo que siempre le molestaba eran los retratos de los reyes, cardenales o demás jerarcas sociales. Si embargo aquel “Después de la huelga”, de un tal José Uría, aunque le entristecía al mismo tiempo le emocionaba, o aquel otro titulado Filandón, de un tal Luis Álvarez Catalá, que siempre era capaz de despertarle una sonrisa nostálgica. Esos dos cuadros formaban parte fija de sus sempiternos paseos museísticos.

Posteriormente, si había alguna actividad cultural en el museo (charla, proyección, concierto, etc.) se quedaba con el solo objetivo de retrasar la vuelta a la inhóspita pensión.

Pero aquel anochecer de noviembre no había ninguna de esas actividades, por lo que pronto se cerrarían las puertas de la entidad, y a él no le quedaba más remedio que volver a la calle oscura y fría.

La situación económica de Alberto era bastante perentoria. Sus escasos ahorros disminuían a una alarmante velocidad, ya a duras penas podía pagar el coste de la inhóspita pensión, y los otros gastos más imprescindibles, como artículos de higiene o la mínima vestimenta y calzado tenía que sufragarlos gracias a la ayuda de alguna asociación caritativa, así que no se podía permitir el más mínimo dispendio.

Sin embargo aquel día su ánimo estaba aún más bajo que de costumbre por lo que decidió, quizás también empujado por el frío del ambiente, que bien se merecía regalarse un mínimo lujo, aunque fuera en forma de un café solo, corto y concentrado como los que gustaba de tomar varias veces al día allá en sus tiempos de bonanza, aquellos que ya no recordaba y que parecían estar sepultados en lo más hondo de la caverna de Platón.

Sin pensarlo intencionadamente, como por casualidad, sus erráticos pasos lo habían conducido a la altura de la entrada de aquel pequeño café, de aspecto entrañable, así que decidió entrar.

Y al traspasar la puerta sucedió el milagro.

Ya sabía que la mayoría de las personas, por no decir todas a quienes les contase lo acaecido le dirían que era fruto de la casualidad, pero él a día de hoy aún sigue pensando que fue un milagro.

Nada más entrar se percató de que efectivamente era un lugar de ambiente íntimo y cordial. El frío claramente se quedaba en el exterior. El interior estaba ocupado por tres mesas y una pequeña barra tras la cual el camarero se esmeraba en secar los vasos. Una suave iluminación y una agradable música de soft jazz generaban ese entorno acogedor.

Solo la mesa del fondo estaba ocupada, y cuando dirigió su vista hacia el allí su cara mostró el mismo asombro y estupefacción que la del ocupante de la misma. Ambos contuvieron la respiración durante unos segundos, pasados los cuales el cliente se levantó como un resorte y corrió hacía Alberto al que abrazó con intensidad. Así permanecieron un medio minuto hasta que el hombre de la mesa exclamó:

-¡Pero que maravillosa sorpresa, Alberto! ¿Qué es de tu vida? ¿Donde te metiste durante todo este tiempo? Cuando desapareciste estuve buscándote hasta de que me convencí de que era imposible dar contigo. Pero, ¡cuéntame, por favor!

Alberto aún tenía los ojos humedecidos y con voz a punto de quebrarse le contestó:

-Pablo, lo primero decirte que esta sorpresa es también para mí maravillosa, y lo segundo, pedirte perdón por mi espantada, pero es que mi vida se volvió muy negra, por lo que por tristeza y también por vergüenza quise apartarme de todo lo que significaba mi pasado.

Así, a continuación, Alberto le contó como en el momento que la vida más le sonreía, con un trabajo muy productivo que le permitía llevar un excelente ritmo de vida, y una familia estable, de pronto todo cambió. La crisis del 2008 le pegó de lleno y dio al traste con su empresa, tuvo que ir vendiendo todos sus activos hasta quedarse sin nada, el ambiente familiar comenzó a hacerse más tenso, con desavenencias cada vez más frecuentes hasta que se quebró definitivamente, y los denominados amigos comenzaron a disminuir hasta desaparecer.

-Total que, como en el tango ese que titulan «Cuando me hablan del destino», me vi arruinado y solo, y así estoy ahora, en el borde de la exclusión social. ¡ Quien me lo iba a decir a mí, con el ritmo de vida que llevaba y la seguridad que creía tener! Y ahora, ya ves, tratando de sobrevivir con los pocos ahorrillos que me quedan. Aunque bueno, tengo salud y todavía puedo pagarme un techo, inhóspito pero techo, así que tratemos de ver la poca luz que aún queda.

Y continuó:

-Pero, bueno, dejemos mis penas a un lado, gocemos de este maravilloso reencuentro, y cuéntame que es de tu vida.

Pablo no salía de su estupefacción por lo inesperado del encuentro y por el relato de Alberto. En pocos segundos mil ideas le bulleron en la cabeza, pero sobre todo se preguntaba como expresar lo que sentía sin aumentar aún más todo el dolor volcado por su amigo.

-Pues, ¿qué quieres que te diga? Mi vida es bastante anodina, aunque tranquila. Continué, como cuando nos conocimos, como funcionario de aquella empresa estatal hasta llegar a una ventajosa prejubilación. Desde entonces me dedico a pasear, escuchar mucha música y escribir relatos para mis nietos, y sobre toda a tratar de evitar sobresaltos, y en eso la vida es sumamente generosa conmigo. Como ves, nada especial.

Y continuó:

-Pero ahora que ya nos hemos puesto al día, quiero decirte muy seriamente dos cosas, y no quiero un no por respuesta. Antes de que nos vayamos a cenar y continuemos con nuestras conversaciones de antaño y para no volver a tocar más el tema, dime, primero, cuanto dinero necesitas para sobrevivir mínimamente, y segundo, escoge un día fijo de la semana, el que tú quieras, para comer en mí casa, que la soledad no es en absoluto buena consejera.

Alberto sabía de la sinceridad y la generosidad de su amigo, por eso sus ojos se humedecieron aún más y un nudo se puso en su garganta impidiéndole articular palabra. A duras penas pudo pedir su café, y tuvo que utilizar las dos manos para evitar que el temblor de la emoción le impidiera tomarlo.

Después Pablo insistió en que cenarían juntos en un bar próximo, que solo hablarían de tantos buenos recuerdos comunes como tenían, y que únicamente al final su amigo debía responderle a las dos preguntas que le había formulado.

Efectivamente la cena transcurrió agradablemente, lo que constituyó un auténtico bálsamo para Alberto y hasta consiguió que por algunos instantes la amargura desapareciera de su ánimo. Al finalizar, y ante la reiteración de Pablo, Alberto le expresó que aún tenía unas reservas, mínimas pero reservas, que le permitirían subsistir, y que de momento prefería continuar el mismo estilo de vida, sin que ello significase no admirar o despreciar la generosidad de su amigo, y como testimonio de ello sí le decía que escogía el miércoles para esas comidas familiares que le regalaba y que estaba seguro sería la mejor medicina para su malherido ánimo.

Y así fue. Todos los miércoles, puntualmente a las dos de la tarde, Alberto se presentaba en casa de su amigo donde era acogido con gran cariño y delicadeza. La charla de los temas cotidianos de los miembros de la familia le servían de saludable distracción, y posteriormente tras una prolongada sobremesa ambos amigos daban un largo paseo, como antaño, hasta bien entrada la tarde.

Cuando Alberto volvía, la pensión, como no podría ser de otra manera, continuaba igual de inhóspita, pero en su interior crecía una ilusión como hace tiempo que no sentía, y el horizonte de un próximo miércoles le daba fuerzas para el resto de la semana.

Pasó un tiempo, la fortuna quiso sonreírle en forma de otra persona que se cruzó en el camino de Alberto y un trabajo modesto pero suficiente para estabilizar su vida. Pero eso es otra historia.

Ahora Alberto estaba en su café, el de los dos amigos, y podía pagarse desahogadamente su solo corto y concentrado. y aunque su amigo ya no podía acompañarlo, pues su gran corazón había dicho basta de forma inesperada para todos, él siempre rendiría íntimo agradecimiento a quien le había enseñado el significado de una palabra hermosa: amistad.

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lunes, 1 de mayo de 2023

Parvulario (II): Palabras alocadas

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Amables lectores:

Sigo con la publicación de mis ejercicios en el Taller de Escritura. En esta ocasión la profesora nos propone "disparatar" y para ello nos sugiere dos opciones. La primera sería inventar palabras sin sentido y darles una imaginaria definición, y la segunda sería utilizar palabras ya existente en nuestra lengua y atribuirles definiciones irreales.

Yo elijo la primera opción, y el texto pergeñado es el siguiente:

PRESOMERANCIAS.- Conjunto de veinticuatro papiros encontrados en las excavaciones del denominado poblado de Antenon, no muy alejadas de las de Ítíca, y que descifrados por un programa de inteligencia artificial, contienen normas jurídicas y sanitarias, entre otras, del pueblo de los legerones.

LEGERONES.- Pueblo proveniente del extremo más oriental de Asia Central, y que encabezados por el rey Arfidegne II se establecieron en las costas de Asia Menor bañadas por el mar Egeo, unos cinco mil quinientos años antes de nuestra era, y a los que se atribuye un alto desarrollo cultural, con escritura propia y gran desarrollo tecnológico.

SIMILITRUNQUE.- Instrumento descrito en el papiro veintiuno de las Presomerancias, utilizado para el transporte de materiales de construcción y otros usos, y que hoy en día puede ser considerado el precursor del carretillo de mano.

A partir del año 3000 antes de nuestra era, y coincidiendo con el comienzo de la civilización cretense, desaparece toda mención o huella de los legerones, constituyendo uno más de los misterios insondables de la Historia.

P.D.: Certifico que todos los datos contenidos en este escrito son rigurosamente falsos.

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miércoles, 19 de abril de 2023

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Tras doscientas y pico entradas y más de cuatro meses sin publicar nada creí llegado el momento de plantearme en serio aprender a escribir. Por ello acepté una amable invitación para inscribirme en un taller de aprendizaje de escritura. Y allí que me fui, con mi libreta nueva, mi lápiz, mi goma de borrar (seguro que tendré mucho que borrar) y sobre todo con una gran ilusión.

La profesora, entrañable, muy empática y con una gran cultura literaria (aunque la expresa con infinita modestia) nos dio las primeras instrucciones, entre las que me quedé con que debíamos perder la vergüenza, desinhibirnos y jugar con todos los componentes de la escritura. Para ello, y como primer ejercicio, nos pidió que hiciéramos un alfabeto personalizado, considerando palabras que comiencen con cada una de sus letras componentes y que tengan un especial significado para nosotros, señalando dicho significado.

Para cumplir con la primera de sus instrucciones, la de perder la vergüenza (si es que no la tenía perdida ya) me propongo volcar en esta nube mis ejercicios, con el ruego a los posibles lectores de benevolencia y de cumplir con la obra de caridad de enseñar al que no sabe.

Una salvedad a este primer ejercicio. Dada mi habitual desidia y desorden he realizado solamente tres de las solicitadas letras, y no manteniendo el orden establecido por las autoridades lingüísticas.

Pero basta ya de prolegómenos, y volquemos el citado ejercicio. Este es:

Alfabeto personal.

Amistad

En ocasiones comenzar con un topicazo puede ser un buen argumento para anular la vergüenza de expresarse en público. En este caso, por ejemplo: quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

Aunque esto no por topicazo es menos cierto. Quienes hemos tenido la fortuna de experimentarlo, bien lo sabemos.

Pero, cuidado, es menester definir lo que entendemos por amistad.

La amistad está forjada en la generosidad, la fraternidad y la gratuidad, por lo que es algo que conforma uno de los ejes fundamentales de nuestra vida dándole una dimensión mejor y más bella.

Pero como todo tesoro es un bien escaso. Así, es obvio que no es amigo cualquier conocido, tampoco es amigo el compañero de tertulia, de barra de bar, de trabajo o actividad.

Amigo es el que está siempre disponible para ti, al que sabes que puedes acudir, aunque haga tiempo que no te habías relacionado con él, y sobre todo al que sabes que le puedes decir, y él a ti, esas verdades que no nos gusta oír. Con el que puedes discutir acaloradamente para instantes después ir a compartir una taza de café.

Por eso los auténticos amigos son tan escasos y valiosos.

Zaparrastroso

Y para continuar con el tópico, de la A la Zeta.

Las palabras destacan por su significado. Pero también pueden hacerlo por su sonoridad, incluso por su musicalidad. Pueden ser notas que sabiamente combinadas en un pentagrama componen la sinfonía de un texto, y que se pueden complementar con el ritmo y hasta con la tonalidad con que son pronunciadas.

Zarrapastroso (o zaparrastroso, que ambas formas admite la RAE), como desaseado, andrajoso, desaliñado y roto, o también dicho de una persona: despreciable, por aquello de las tonalidades puede ser una simple descripción en un relato o un insulto lanzado a modo de pedrada sentimental, con ánimo de zaherir y despreciar.

En todo caso no me negaran que al escuchar la palabreja no les parece estar oyendo parte de una obertura wagneriana, con todos sus metales y percusiones.

Coherencia

Siguiendo el eje de los topicazos, si el sentido común es el menos común de todos los sentidos, la coherencia, en el sentido de actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan, es la más infrecuente y la más difícil de las características personales.

Echemos un vistazo a nuestro alrededor y contemplemos las personas que conocemos en nuestro ámbito privado, o las que en el ámbito público se exponen a la contemplación general. ¿Son muchas las que en los momentos difíciles y trascendentales saben defender o vivir esos principios? ¿Son muchas por las que en ese sentido pondríamos la mano en el fuego?

Y sin embargo es seguro que tenemos la inmensa suerte de conocer alguna, aunque también es seguro que no son tantas como desearíamos.

Esas personas se convierten para nosotros en referentes, en faros cuya luz ilumina el camino de nuestra vida, aunque en ocasiones también pongan de manifiesto nuestras sombras.

Su solidez me recuerda la de las columnas del Partenón, una de las más grandes maravillas creadas por la mano y la mente humanas, y que veinticinco siglos después, sabiendo sobrevivir a calamidades múltiples, da testimonio de esa virtud que los griegos nos enseñaron, la excelencia.

Pues hasta aquí el primero de los ejercicios. Espero continuar con los venideros, que prometo contarles, y también espero seguir divirtiéndome tanto como hasta ahora.

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